Que la lactancia es lo normal, lo natural, lo mejor tanto a nivel nutritivo como a nivel emocional y psicológico es algo que ya casi todo el mundo sabe. Pero aún cuando disfrutamos de la lactancia, de todo lo que nos aporta, tanto a nuestros hijos como a nosotras como madres, pueden  surgir algunas  emociones y sentimientos, que si no conocemos, nos pueden confundir  y llevar a  pensar que algo no funciona en nuestra maravillosa lactancia.

 

Nos puede hacer sentir culpables por ese sentimiento de rechazo al dar de mamar a nuestro hijo e incluso plantearnos el destete. Esto ocurre cuando la agitación del amamantamiento hace presencia en la lactancia.

 

La agitación del amamantamiento es un sentimiento muy  fuerte e incontrolable de rechazo al dar de mamar a nuestro hijo. Es como si nuestro cuerpo se revelase y decidiese por si sólo que no quiere seguir dando el pecho, cuando a nosotras nos gustaría seguir haciéndolo.

 

Es un sentimiento visceral e irracional, una sensación de malestar muy intensa, una necesidad de apartar al niño urgentemente del pecho por una sensación muy desagradable. Nos molesta tener que amamantar en ese momento. Nos puede causar mucho nerviosismo y enfado en el momento de dar el pecho.

 

Muchas son las madres que en algún momento de su lactancia han sufrido de agitación del amamantamiento, aunque algunas tienen la suerte de no llegar a conocerla.  Se puede sufrir en momentos puntuales  de la lactancia o de forma repetitiva. Las circunstancias más comunes en las que puede surgir son:

 

– Especialmente en lactancias no interrumpidas. Se suele dar con niños ya grandes, a partir del año.

 

– Lactancia en tándem (con el hijo mayor).

 

– Lactancia durante el embarazo.

 

– Coincidiendo con alguna etapa de nuestro ciclo menstrual, como la ovulación o la etapa premenstrual.

 

Tomas nocturnas.

 

 

En nuestro caso, la agitación del amamantamiento empezó a hacer presencia en la etapa premenstrual. No recuerdo muy bien el momento exacto, más o menos cuando Minerva tenía entre 12 y 18 meses. Aunque fue un poco más tarde cuando supe lo que era la agitación del amamantamiento, no llegué a sentirme del todo culpable, como suele suceder, con ese sentimiento de rechazo al dar el pecho a mi hija.

 

Y es que esos días antes de la menstruación siempre han hecho mucha mella en mí, y con mi hija la cosa no es diferente. Por lo que achaqué que era el estado de ánimo y la revolución hormonal en los que me hallaba inmersa en esos días lo que me hacía sentirme así, ya que luego se me pasaba.

 

Esporádicamente también sufro de agitación en momentos en los que por el motivo que sea mi hija está mucho tiempo al pecho. Aquí lo que procuro entonces es acortar la toma, contando hasta  diez o buscando alternativas. Pero son tomas puntuales.

 

 

Es duro sentir ese rechazo hacia tu hija cuando le das el pecho, cuando siempre ha sido un momento de disfrute para ambas. Pero saber que es algo pasajero y que no puedes controlar lo hace más llevadero.

 

En ocasiones he separado a mi hija del pecho porque no podía más, con su inevitable llanto e incomprensión. Lo mejor en estos casos es hablar con nuestros pequeños y explicarles cómo nos sentimos, haciendo hincapié en que es algo que nos ocurre a nosotras y que ellos no tienen culpa de nada.

 

Además ellos notan nuestro rechazo, lo que hace que nos necesiten y nos demanden aún más, siendo la pescadilla que se muerde la cola. Por eso es muy importante hablar con ellos, pactar o tratar de acortar las tomas que nos resulten más molestas y sobre todo hacerles saber que les queremos y que estamos con ellos.

 

Puede ayudarnos mucho el hecho de hablar con otras madres que también tengan episodios de agitación del amamantamiento. Nos hará ver que es algo común, que no somos malas madres por tener esas sensaciones, y podremos compartir trucos para llevar mejor esos momentos.

 

Si la agitación fuese tan continuada que no encontrásemos otra salida que el destete, podríamos hacerlo de forma gradual y de la manera más respetuosa con nuestros pequeños.

 

 

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