La asociación amigos del burro es una asociación sin
ánimo de lucro que trata de evitar la extinción de este animal. Se encarga de
protegerlos y cuidarlos, además de rescatar a burros en malas condiciones (me
dio mucha pena ver a un burro cuyo lomo se hundía más allá de lo imaginable,
debido a las brutales cargas que le habían obligado a transportar).
Todos los domingos por la mañana, de 11 a 13.30 se permite la
visita gratuita de sus instalaciones, un lugar muy campechano en medio del
campo. Os lo recomiendo a todos los que vivís en Madrid o alrededores, merece
la pena. Está situado en Tres Cantos, podéis ver más información en su web.

Nos enteramos gracias a una mamá que nos habló muy
bien de este sitio y no nos lo pensamos mucho dado que a Minerva los burros, a
ella les gusta llamarlos asnos, le encantan, los animales le apasionan.
Algunos de los burros estaban tras verjas o vallas de
madera, pero otros andaban a sus anchas entre la gente. A mi personalmente me
daban un poco de respeto, y es que se te acercaban con toda la confianza del
mundo,  algunos debe ser que le caías en
gracia y no se separaban de ti, y ya no os cuento si llevabas alguna zanahoria.
De hecho allí te venden pan y zanahorias para dárselas a los burros, los
domingos parece ser que se ponen las botas.
También andaban por allí sueltas un par de ovejas y un
gato muy cariñoso que se dejaba acariciar por todo el que quisiera. Luego
también vimos gallinas y gallos, un ciervo, un caballo, ocas, una cabra… mi buhíta estaba
entusiasmada con tanto animalito, acariciando a quien se dejaba, dando de comer
de su propia mano, asombrándose, correteando y no dejándose intimidar cuando se
le acercaban los burros a saludar, cosa que a su madre le era imposible.
A media mañana dieron una pequeña charla donde nos
explicaron cómo funcionan, lo que hacen y nos contaron un poquito sobre las
razas. Fue justo cuando Minerva quería un poco de teta, así que nos sentamos y
aprovechamos a descansar un poco. Al poquito de estar tomando teta, justo
enfrente se acercó una mamá con su niño, que sería poco mayor que Minerva y ahí
que se pusieron también a tetear. La mamá y yo nos miramos y nos sonreímos
llenas de complicidad, me resultó una escena muy  bonita.
Después de la charla para los más pequeños daban una
vuelta en carro tirado por un burro, y guiado este por uno de los
cuidadores. Esto y la venta de algunos productos es lo que les ayuda a
financiarse.
No sólo no nos decepcionó sino que superó nuestras
expectativas.

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