Menos mal que siempre escribo y guardo las entradas en word. Menuda jugarreta nos ha hecho Blogger, no sólo ha perdido todos los post desde el miércoles por la tarde sino también todos lo comentarios. Ahí va de nuevo:

Por fin pudimos ver en Madrid, el sábado pasado, a Carlos González en vivo y en directo. No nos defraudó. Esto tenemos que agradecérselo a la asociación Besos y Brazos, que es la que ha organizado este primer ciclo de conferencias “Conociendo a nuestros hijos”. Próximamente podremos ver algún video de la conferencia en su página web.
Se mostró atento y bromista con los que nos acercamos, antes de que empezase la conferencia, a que nos echase una firmita en alguno de sus libros. Yo me acerqué con Minerva, con “Un regalo para toda la vida” bajo el brazo y quise que se lo dedicase a ella: “Para Minerva, ella es el regalo”. ¿Alguien lo dudaba? Entre tanto Carlos González bromeando y yo sin enterarme, me lo tuvo que repetir hasta tres veces el hombre, hasta que conseguí pillarlo (qué vergüenza); por otro lado el papá haciendo fotos, y luego también quiso quedar inmortalizado con nuestro querido pediatra, que continuó bromeando, “hemos salido del armario…”.
Pero vamos a lo que nos interesa. Carlos comenzó desechando mitos: los niños a los 6 meses no se vuelven tontos. Si hasta ahora con la lactancia, sin saber la cantidad que tomaban, confiábamos en que ellos sabían lo que necesitaban tomar (de uno o de los dos pechos, más o menos tiempo en una toma, o entre toma y toma…) ¿por qué a los seis meses, cuando les introducimos la alimentación complementaria, no van a seguir sabiendo lo que necesitan? Y en vez de ofrecérselo a demanda, como habíamos estado haciendo con el pecho, nos empeñamos en darles unas determinadas cantidades, y esto deriva en unos conflictos entre padres e hijos a la hora de la comida, en los que los padres están preocupados y a veces hasta desesperados, y los hijos angustiados e intentando ver la manera de que no les metan esas cantidades de alimentos, que ni les caben en sus barriguitas ni en ocasiones les gusta (a los adultos no nos gusta ni comemos de todo).
Resulta que las cantidades que recomiendan que hay que darles a los niños han ido cambiando a lo largo de los años, disminuyendo las necesidades calóricas por día. En el estudio que hizo la doctora Butte, diferenciando entre niños y niñas, si tomaban o no el pecho, y siempre con niños sanos, en una misma franja de edad hay niños que comen casi el doble. Si para colmo, en las recomendaciones, siempre se redondea al alza, y utilizando la cantidad del que más come (para que no haya niños que se quedan con hambre), así tendremos un montón de niños luchando para que no les metan más de lo que necesitan.
Carlos González nos dice que la realidad es que nadie sabe cuanto necesita comer un niño, ni cuantas vitaminas, proteínas, etc, necesita. Por ejemplo, les damos fruta y zumo a los niños porque hace años se decía que necesitaban una cantidad determinada de vitamina C, pero los niños que toman leche materna tienen ya toda la vitamina C que necesitan, y todas las demás vitaminas. Lo único que les puede faltar, a los niños de pecho, es zinc y hierro. Por tanto entre los primeros alimentos que habría que darles a los niños a los seis meses, deberían estar los que sean ricos en hierro, pollo, carne, pues el hierro de las verduras se absorbe muy mal, a no ser que vaya acompañado de vitamina C. Por eso los adultos comemos dietas variadas y no disociadas como se las hacemos a nuestros hijos.
Hay niños que no quieren comer nada que no sea pecho hasta los diez meses. Si el niño sigue engordando no pasa nada. Pero si sólo come teta y no gana peso seguramente haría falta darle hierro (uno de los síntomas de su carencia es la falta de apetito). Carlos González remienda ir a nuestro pediatra, si más o menos a los 9 meses nuestro hijo sigue sin comer otros alimentos, para que valore si es necesario mandarle hierro. Es bueno saberlo, porque Minerva come, a veces, y el pollo y la carne no está entre lo que decide comer. Así que si sigue así tendremos que visitar a nuestra pediatra, y puesto que en el parto le cortaron el cordón enseguida, con más motivo. Carlos nos explicó que el pinzamiento del cordón umbilical del niño nacido a término habría que hacerlo sin prisa, pasados 3 ó 5 minutos, porque esto hace que tenga mayores reservas de hierro. Por eso se recomienda empezar con la alimentación complementaria a los seis meses (otro motivo es educacional y no nutricional, porque en ese caso les daríamos unas gotitas de hierro y nos olvidaríamos), porque se estima que las reservas de hierro se acaban entre los 6 y los 12 meses. El hierro que pueda tomar la madre no afecta a la cantidad de este en la leche materna, ya que además un exceso de hierro tampoco sería bueno.
Nos dejó claro, por si alguien todavía lo duda, que la leche materna tiene más grasa según va pasando el tiempo, por lo tanto cuando el niño ya tiene 1 año y te dicen que tu leche ya es agua, tendríamos que contestarles que no es que no sea agua sino que ya es mantequilla. Además aclaró que la cantidad de leche que hay que ofrecer a un niño hasta el año es de medio litro, y a partir de ahí máximo medio litro de leche al día. Se aconseja primero teta y después los otros alimentos que vayamos a darle, por los que vayan a darles cantidades ingentes de papilla, porque si se comiese todo luego no podría con el pecho (o el biberón). Pero daría igual, antes o después de la teta, si el niño comiese solo, porque no comería tanto.
Carlos González nos enseñó un folleto que muestra a la perfección cómo debería ser a alimentación complementaria de nuestros hijos.
Se trata de un folleto donde no hay gramos, ni horas, ni lista de alimentos, ni calendarios, a diferencia de los que nos dan en los centros de salud. La foto lo dice todo. La papilla no es papilla, el biberón es un vaso en la mano del bebé, al igual que la cuchara, y el bebé no está comiendo. Pero está feliz, que es de lo que se trata.
Este folleto recomienda entre otras cosas, nunca introducir cereales en el biberón, cosa que parece que ya se les explica en la carrera, aunque a algunos pediatras parece olvidárseles. Se trata de introducir la cuchara con la alimentación complementaria, como comenté antes (según Carlos González) el introducirles otros alimentos es educacional, no nutricional. Recomienda también evitar la sal y el azúcar, para que no se acostumbren a tomar tanta sal y tanta azúcar cuando sean adultos. Antes del año los niños deberían beber en vaso, en biberón beben más cantidad y ya hemos dicho que a partir del año se recomienda como mucho medio litro de leche, para que coman otras cosas. Y el biberón nunca debería llevarse a la cama, porque se duermen con él y les provoca caries.
Por tanto, Carlos nos alienta a plantearnos un objetivo a medio-largo plazo. Si queremos que nuestros hijos coman comida normal con 2 y 3 años, ¿por qué nos empeñamos en darles papillas? Hay niños que con esas edades no comen si no está todo bien triturado, o siguen con el biberón. Nos plantea entonces, si no queremos eso, si le vamos ridiculizar porque ya es un niño tan mayor para seguir con esas cosas, ¿por qué no atajar el problema? Pues hemos sido los padres los que le hemos acostumbrado a ello.
Como a muchos padres lo que les da es miedo que sus hijos se ahoguen si les dan trozos de comida, aclaró la diferencia entre ahogarse y atragantarse. En el primer caso la comida se va hacia el pulmón, y casi siempre son frutos secos o piezas pequeñas (cosas duras y redondeadas), es por esto que se recomienda evitar los caramelos y frutos secos hasta por lo menos los tres años. Las cosas blandas se quedan a medio camino, lo que sería atragantarse, y o bien se lo terminan tragando o lo echan fuera, ellos tan tranquilos (cuando son más mayores si se asustan, porque se les ha pasado el momento) y nosotros asustadísimos. En su opinión, las redecillas antiahogo no son necesarias para nada. Ya comenté en otro post que a mi este artilugio me produce repelús.
Hay que respetar al niño, darle lo que necesita en cada momento. Fue una de las frases que más me gusto oírle decir. Tienen periodos de ventanas de oportunidad, en los que desean hacer determinadas cosas. Si no los dejamos (comer, caminar…) se les pasa la edad y luego ya no tienen ganas de hacerlo por ellos mismos.
Unas normas generales para la introducción de la alimentación complementaria son:
Empezar a los seis meses, aunque si muestran interés antes se lo podemos ofrecer (igual luego se lo lleva a la boca pero no se lo come), introducir los distintos alimentos poco a poco, tener cuidado con los más alergénicos (leche, huevos y pescado), el gluten no dárselo antes de los cuatro meses ni después de los siete y no darles mucho al principio. Y en definitiva, pueden comer lo que se coma en casa.
Como colofón final, y aunque ya había hecho referencias durante toda la conferencia a que los niños coman ellos solitos trozos de comida y no papilla (deja también claro que no pasa nada si comen y continúan comiendo de más mayorcitos papillas, pues todos terminan comiendo como los adultos), para que aprendan a comer ellos, que de eso se trata, utilizó por primera vez el término “Baby-led-weaning”, es decir, alimentación complementaria a demanda. Los niños, llevándose ellos mismos trozos de comida a la boca, aprenden motricidad fina, a diferenciar texturas y sabores, aprenden a tomar sus propias decisiones, y a masticar y deglutir. Nos mostró fotografías de niños, de entre seis y doce meses, comiendo solos, comida normal, y además de la sonrisa que te provoca verles, deja bien claro de lo que son capaces si se lo permitimos.
La conferencia se extendió un poco más de lo que habían planeado, pero aún así Carlos González se portó como un caballero y atendió, otros tres cuartos de hora más, a las preguntas que todavía les rondaban a algunos padres. Y tras esto, y siendo ya casi las dos y media, desde las 11 de la mañana que comenzó la charla, continuo con la firma de libros de algunos rezagados.
¿Se puede pedir más?
A parte de todo lo que nos contó, que no fue poco, me gustó especialmente un par de cosas, el respeto que siempre insta a que tengamos hacia nuestros hijos, y el que toda la información que utiliza sea contrastada, mediante estudios científicos, porque es de agradecer que cuando no sabe algo lo diga claramente, “pues no lo sé”, a diferencia de otros que se inventan las cosas cuando no las saben. Por eso Carlos González nos encanta y nos inspira confianza.
Salimos contentísimos.

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