Intento criar a mi hija desde el respeto, desde el
amor, desde el ejemplo y desde la consciencia de que todo lo que ocurre a su
alrededor le influye para bien o para mal. ¿Pero qué pasa cuando todo alrededor
parece ir en contra de todo lo que intentas enseñar a tu hija?
Debemos hablar con propiedad a nuestros hijos. Ir más
allá y darnos cuenta de que esos comentarios que muchas veces se hacen a los
niños tienen un significado y un mensaje, y no podemos relativizarlos con un
“pero si no pasa nada por decirles eso”. Me refiero, por ejemplo, a:
Decirles que no pasa nada cuando se han hecho daño,
¿cómo que no pasa nada?, al decirles eso le estamos restando importancia a su
sentimiento de dolor, les estamos negando la legitimidad de sus sentimientos y sus
sensaciones. No se si hay alguien que de verdad crea que por decirles eso no
van a llorar, que por otro lado ¿y qué si lloran?, ahí estamos para
consolarles, dejémosles expresar su dolor.
Decirles continuamente “muy bien” o “bien”, cada vez
que hacen lo que consideramos que deben hacer, comerse la comida, hacer la
típica monería, saludar al vecino cuando se lo pedimos, decirnos alguna palabra
nueva, subir solos a los columpios, y un sinfín de cosas más. Cada vez que les
decimos “bien” les estamos haciendo un juicio de valor, ¿acaso si no se come
una cucharada más está mal? ¿o está mal si no sabe encajar una pieza de un
puzzle? Mi hija no necesita la aprobación de nadie, porque es perfecta tal y
como es. A mi también se me escapan “bien” a veces, pero estar continuamente
con la palabra en la boca me parece no tener las herramientas suficientes para
comunicarnos de otra forma con ellos sin estar opinando continuamente sobre cómo
hacen o dejan de hacer las cosas, se nos olvidan otras formas de transmitirles
que estamos con ellos siempre, que les queremos por encima de todo.
Decirles que son malos porque simplemente se comportan
como niños, y luego nos extrañará que al final terminen comportándose como les
estamos transmitiendo que son, porque si una y otra vez les repetimos lo malos
que son se lo terminarán creyendo. A ver si nos queda claro de una vez que los
niños no son malos, los que podemos ser malos, porque somos conscientes de su
significado, somos los adultos. Los niños se mueven, saltan, corren, gritan, se
aburren, necesitan atención y cariño, tienen épocas en las que pueden pegar
porque no saben pedir las cosas de otro modo, pero si aún así creemos que es un
niño difícil , entonces en quien hay que fijar la atención
es en los padres, así de claro.
Decirles, cuando se han hecho daño con algo, que ese objeto
es malo y para colmo pegar al objeto (que el pobre no tiene culpa de nada). Lo
único que se les enseña con eso es a pegar cuando algo no sale como ellos
quieren o cuando se hacen daño, con lo cual si un niño no les deja un juguete o
sin querer les ha lastimado entienden que deben pegarle. Yo desde luego no
quiero que mi hija aprenda eso. Se les puede explicar, y ellos lo comprenden,
que se han hecho daño con la silla, con el suelo o con lo que sea, sin querer, de
esa forma podrán hacerse cargo de las consecuencias de sus actos, al mismo
tiempo que les consolamos con mimos y besos.
Si, muchas veces no son esos los mensajes que les
queremos enviar, pero no se nos ocurre nada mejor que decir y seguimos
restándole importancia diciendo que no es para tanto. Pero es que con todo lo
que les decimos les estamos transmitiendo algo, por qué no hacerles llegar lo
que realmente queremos, sin caer en estereotipos o frases hechas que nos evitan
el pensar por nosotros mismo y desarrollar nuestra imaginación. Podemos hacer
las cosas diferentes con un poco de nuestra parte.
Sabía que con la edad de mi hija y con lo movida que
es, y no me equivocaba, alguien no tardaría en decirla que era mala. En menos
de dos semanas ya se lo han dicho dos veces en la “calle”, como si por ver el
comportamiento de mi hija en dos minutos supiesen cómo es y además creyéndose
con el derecho a juzgarla por comportarse simplemente de acuerdo a su edad. En
ambos casos por no estarse quietecita como un muñeco mientras mamá termina de
comprar el pan o de pedir embutido en el super. En el primer caso contesté que
no era mala, la segunda vez simplemente le di la espalda a la persona
entrometida. Pero ganas me daban de decirles cuatro cosas bien dichas. Creo que
la próxima vez, que por desgracia la habrá, ¿por qué se meterá la gente donde
no la llaman?, contestaré que no es mala, que simplemente es una
niña, y me morderé la lengua para no decir mas. Porque creo que si me callo le
trasmito a mi hija que la gente puede meterse en su espacio y decirla lo que
quieran sin ningún respeto, hoy por hoy soy yo o su padre quienes velamos por sus
derechos.
En cuanto al “muy bien”, cada vez que estamos con los
abuelos, unos u otros, tengo que lidiar con esa muletilla, que intento
comprender que no dan mas de sí, que no saben hacerlo de otro modo. Porque
aunque se les dice, se les olvida, y yo ya me canso de repetirlo una y otra
vez; y ellos también se cansan (los abuelos), aunque ellos ya son adultos y no
es eso lo que más me importa. Quiero pensar que mi hija en casa sabe que no
necesita hacer nada de una forma u otra para sentirse valorada y querida.
También esta semana he visto como tras hacerse daño
y decirla “malo, malo, toma, toma” (pegando al objeto en cuestión), ella pegaba
imitando. Entonces aquí paré rápidamente los pies a su abuelo, ya me había
sucedido otra vez con una amiga pero entonces mi hija solo la miró sorprendida
(también se que volverá a suceder y entonces tendré que dar la explicación
pertinente, qué agotador es esto). Le expliqué claramente que lo único que
conseguía con eso era enseñarla a pegar. Espero que haya quedado claro y no se
vuelva a repetir.
Y ya no me meto con los comentarios, directamente a
ella, sobre si continúa tomando el pecho con lo mayor que es (lo seguirá
tomando hasta que le de la gana), si no habla mucho para la edad que tiene
(habla lo que tiene que hablar), que pesa mucho para que la lleve mamá a upa
(si a mamá o papá no les importa nadie tiene nada que decir al respecto), etc,
etc, porque entonces no termino.
Me preocupa lo que puedan influirla todos estos
comentarios y mensajes, tan opuestos a mi forma de criar a mi hija. Está claro
que no puedo ni quiero meterla en una burbuja. Pero, ¿qué podemos hacer para
que estos mensajes le influyan lo menos posible?

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