Mi niña cumplió
dos añitos el lunes pasado, qué mayor se hace. Yo le digo que es un bebé
grande, muy grande, a ella le gusta ser todavía un bebé. Pero también le digo
que ya empieza a ser una niña pequeña, y aunque prefiere seguir siendo un bebé
grande parece que la idea no le pareció mal del todo.
Es increíble
cómo pasa el tiempo y todos los cambios que va y vamos experimentando según va
creciendo. Recuerdo cuando era un bebé recién nacida, y aunque echando la vista
atrás el tiempo corre que se las pela, yo tenía la sensación de que el tiempo
se había detenido, que mi pequeña siempre sería tan frágil, tan pequeña, y yo
no haría otra cosa que estar sentada todo el día con ella al pecho sin otras
preocupaciones ni aspiraciones, porque para mí era lo único, mi atención era
exclusivamente para ella, el resto de mi mundo había desaparecido.
Nosotros como
padres también hemos cumplido dos años, y aunque tenemos más experiencia y somos
conscientes de que nos ha cambiado en todos los aspectos de la vida, las
situaciones a las que nos vemos sumergidos cada día nos hacen seguir
replanteándonos muchas cosas, enfrentándonos a continuos retos en la relación
con nuestra hija y también personales.
El cambio en su
vocabulario ha sido espectacular, se ha convertido en un lorito que repite todo
lo que oye y debemos tener mucho cuidado con las palabras que utilizamos,
aunque creo que aquí ya hemos llegado un poco tarde, y mira que me lo andaba
diciendo hace tiempo. “Coño” lo ha soltado en alguna ocasión, aunque parece que
como nos hemos quitado de ella no la ha vuelto a repetir, aunque estoy segura
de que no se le ha olvidado, porque tiene una memoria increíble. Cuando la oyes
cómo se expresa es cuando te das cuenta de cómo nos expresamos precisamente
nosotros. Las siestas hace un par de meses que ya no tengo que tenerla encima
para que continúe durmiendo, aunque todavía hay días que se despierta a la
mitad de la siesta, pero con tumbarme a su lado y darle un poco de tetita se vuelve
a dormir plácidamente. Las noches son otra cosa, creo que cada vez duermo
menos, cada noche nos sorprende con una situación diferente, que si me apetece
ponerme a jugar hora y media a las tres de la mañana, que si a las seis me
desvelo y tengo a mamá hora y media teta, agua, teta, encima de mamá, teta…,
que si hoy me despierto cinco veces, que hoy no tengo sueño y me doy un
madrugón con el mal humor que eso conlleva, en fin, que no nos aburrimos.
Para celebrarlo,
el día antes de su cumpleaños estuvimos de merendola con amiguitos pequeños y
amigos grandes en un parque muy chulo relativamente cerca de casa (hay que
coger el coche), donde lo pasamos en grande jugando, dando de comer a los patos
(hay un lago), pintándoles, con piñata incluida y con un montón de regalos a
cual más bonito. No se quien disfrutó más si los peques o los adultos. 
Al día
siguiente, día de su cumpleaños, nos fuimos al zoo el papá, la peque y yo. Le
gustó mucho, ya cuando fuimos a Faunia en primavera también le encantó. A veces
se quedaba absorta con algunos animales y no quería moverse del sitio. Me
sorprendió gratamente que disfrutase y aguantase toda la actuación de los
delfines, ya que en Faunia con las focas, nada más empezar, nos tuvimos que ir.
Sin embargo con los delfines daba palmas como todo el mundo (a veces miraba a
las gradas en vez de a los delfines para comprobar lo que hacían) e incluso se
quiso levantar para bailar al son de la música. Por la tarde-noche más celebración
con mis padres y sus tías. Aunque la tarta de cumpleaños (gracias Yo Misma por
las ideas y tu dedicación) salió un poco churro a mi hija le gustó, físicamente
claro, porque no es mucho de tartas. Y otros tantos regalos, algunos de los
cuales creo que nos gustaron más a nosotros que a ella.
Este fin de
semana terminaremos ya las celebraciones con la familia paterna. Y más regalos.
Tengo ganas de
volver a la normalidad. Y es que estas semanas, entre el sorteo, que no sabéis
el trabajo que da, y la preparación del cumple de Minerva, no he parado mucho.
De hecho estoy algo acatarrada, la peque también, e incluso esta noche ha
tenido fiebre, y estoy más que segura de que nuestro cuerpo nos está diciendo
que nos relajemos un poco. Así que lógicamente le vamos a hacer caso.

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