Este va a ser un mini-post, algo que me apetece contar, uno de nuestros juegos. Así
aprovecho para actualizar un poco el blog, pues ideas tengo muchas pero tiempo
más bien poco, además de que la fase lunar en la que me encuentro tampoco
acompaña y me he propuesto no forzar y dejarme estar en la medida de lo
posible.
Al grano. El
caso es que me gusta hacer juegos diferentes con Minerva, para que experimente
cosas nuevas, sobre todo en los que pueda tocar, sensoriales que se llaman.
Pero en esas ideas que a veces encontramos en la red para hacer con los peques encuentro
que siempre se olvidan de que poseemos más sentidos que el tacto, o al menos es
lo que yo he encontrado.
Así que llevaba
tiempo dándole vueltas, pero nunca me ponía a ello. Y es que el olfato siempre
me ha fascinado, su manera reveladora de acercanos a recuerdos y vivencias
lejanos en el tiempo, e incluso de cosas o personas que creiamos olvidadas.
La verdad es que
suelo darle a oler cualquier cosa nueva que surja, y ella se presta rauda y
curiosa. Así que hoy, sin pensarlo mucho, le he preguntado si quería que
jugásemos a una sorpresa que le iba a preparar y ha estado encantada.
Rápidamente me he hecho con lo primero que he encontrado (una naranja,
colonia, crema, una manzana, su nenuco –que huele a bollo, siempre se lo digo-,
mermelada de fresa, una zanahoria, un diente de ajo y la teta de mama –esa no
sale en la foto, no la busquéis-) y tapándole los ojos hemos jugado a adivinar
a qué olía y qué podía ser. Si no lo sabía probaba a tocarlo con las manos. 

He
de reconocer que mucha paciencia mi hija no tiene, lo quiere saber ya, ya y ya.
Pero lo hemos pasado muy bien.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error: Contenido Protegido

Comparte en tu redes sociales

0

Tu carrito