A muchos de nosotros nos han
pegado cuando éramos niños, con la excusa de llevarnos por el buen camino y
enseñarnos-corregirnos cuando hacíamos algo “malo”. Nuestros padres no han
hecho más que seguir el modelo de crianza de sus padres, y estos de los suyos, y
así podríamos seguir. Pero, ¿qué les
trasmitimos a los niños cuando les pegamos?
Leí hace poco una frase en las
redes sociales, que ahora mismo no recuerdo de quien era: No hay mayor trauma que justificar la violencia. Y esto lo digo
porque es increíble como la culpa hace mella en la víctima, que justifica a
quien le maltrataba. La típica frase de: a mi me pegaban y no he salido tan
mal. Si justificas que pegar es
educativo sin duda algo no va bien
.
Y sonará muy fuerte la palabra
maltrato (¿sólo por dar un cachete?), pero cuando no tratamos con respecto
estamos tratando mal. Es muy duro
ponernos en la piel de nuestro niño interior y reconocer cómo nos hacían sentir,
quienes más queríamos
, cuando nos pegaban, amenazaban, comparaban o
ninguneaban.
Como cualquier madre tengo
momentos en que me enfado con mi hija, porque no me hace caso, porque me falta
al respeto, porque se pone de muy mal humor cuando no consigue lo que quiere… Y
como cualquier madre llevo mi propia mochila a cuestas. A veces desearía pegar a
mi hija para calmar la rabia que bulle dentro de mi, cuando mi enfado se
descontrola. Por eso se que pegar sólo nos
conduciría a liberar mi frustración
.
Pero resulta que yo enseño a mi
hija que todos nos merecemos respeto, y por tanto nadie merece ser pegado,
insultado o tratado de mala manera. ¿Qué
ejemplo le voy a dar si soy yo quien la pega cuando no hace lo que yo considero
oportuno?
Si la persona que más la quiere y quien más seguridad le debería
transmitir le falta al respecto y la humilla, ¿qué puede esperar entonces de los demás?
Pegar es una falta de respecto y
no enseña nada bueno. Aunque sea el defendido cachete a tiempo, es igual de humillante y sólo denota
superioridad, poder y fuerza por parte de quien lo da
. Por otro lado no quiero que mi hija haga lo que le digo
por miedo
(a que le pegue) sino porque entiende que lo que le pido tiene
una razón. Y no está demás recordar que hasta
los dos o tres años no comienza a funcionar la parte racional del cerebro
.
Claro que cuanto antes empecemos a pegar o a utilizar el miedo, más eficaz será
el condicionamiento del niño, si es eso lo único que nos interesa.
No digo que sea tarea fácil la
crianza, a veces nos faltan herramientas. Parece mucho más fácil soltar una torta para desahogarme que
pararme a explicar las veces que haga falta a mi hija por qué esto o lo otro no
lo hacemos. Además de enseñarle que hablando se entiende la gente, fomento el
razonamiento y el llegar a acuerdos. Pero claro, esto requiere tiempo, paciencia y reconocer mis limitaciones y que no
siempre tengo razón
.

No hace tanto que el maltrato por
parte del marido a la mujer era consentido por la sociedad. La mujer hasta hace
bien poco éramos ciudadanas de segunda, ignorantes a las que había que enseñar
por su bien. Si el marido consideraba que los actos de SU  mujer no eran adecuados la corregía a base de
golpe. Hoy en día la sociedad nos escandalizamos, y con razón, cuando un hombre
maltrata física o psicológicamente a una mujer (aunque sea un cachete). ¿Acaso un niño, una persona que depende de
nosotros y está en proceso de crecimiento, es menos que un adulto? ¿Acaso no se
merece el mismo respecto? ¿Por qué no nos escandalizamos ante un mismo hecho independientemente de contra quien se cometa?


Por último, no quiero terminar sin
una reflexión. Si cuando mi hija no sabe lo que significa una palabra se lo
explico, si cuando algo le supera le ayudo, ¿por qué cuando tiene un
comportamiento “inadecuado” le voy a castigar o pegar?
  
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