No es un tema del que suela hablarse, parece que deba quedar relegado a la oscuridad de la que procede. De hecho, ¿para qué hablar de algo que nos produce repugnancia a la mayoría de la gente? Mejor no mencionar el tema, y así parece que no existe.

Nunca me he llevado bien con mi regla, como muchas otras mujeres de nuestra sociedad. Siempre ha sido un fastidio encontrármela cada mes. Era el visitante no invitado, al que siempre intentamos evadir.
Me apetece, por lo que ahora significa para mí, compartir mi experiencia. Si a alguien no le agrada el tema siempre es libre de no seguir leyendo.
No se si con doce años recién cumplidos o a punto de cumplirlos viví mi menarquía, como a quien le llega una mala noticia que le afectará de por vida y que no puede cambiarla. Recuerdo estar jugando en la calle con una amiga, con mis patines, ella llevaba puesto uno y yo el otro. Empecé a no encontrarme bien, con un dolor persistente en la parte baja de abdomen, pero a pesar del malestar seguí jugando, intentando olvidarme de ello. Cuando ya en casa fui al baño… menuda sorpresa… ¡mamá! Claro que sabía lo era, ya nos lo habían explicado en el colegio, en casa y en alguna charla sobre educación sexual, pero todo ello plagado de información sobre nuestro cuerpo físico, nada sobre los sentimientos con los que tendríamos que lidiar, miedos, prejuicios, dudas, vergüenza, pena, rabia. Si, todos sentimientos negativos, porque para mí la regla no fue ninguna alegría o algo de lo que sentirme orgullosa. No recuerdo muy bien la respuesta de mis padres. Sólo tengo un vaga sensación de “ahora hay que tener cuidado”, “ya eres una mujer” ¿Y qué significaba que ahora era una mujer?, ¿de la noche a la mañana?, ¿ya no podría jugar?, ¿tenía que tener cuidado… de los hombres, de mi relación con ellos? Creo que nos influye mucho tanto nuestro primer encuentro con la menstruación como la actitud de nuestros padres frente a este cambio tan importante en nuestras vidas, su aceptación de que no seremos siempre sus niñas. Entramos en una nueva etapa, en la que poseemos el don de crear vida, donde descubrimos estados desconocidos de nuestro inconsciente, y esto puede asustar a unos padres a los que les cuesta concebir a su niñita como un ser independiente, autónomo, que necesita ensayar el despliegue de sus alas, para cuando esté preparada para alzar el vuelo.
Siempre he tenido que drogarme para soportar los dolores que acompañaban a la menstruación, al principio tomé saldeva, pero visto que no me hacía ningún efecto, he estado mucho tiempo tomando antalgin, con lo poco que me gustan los fármacos. También tenía mis remedios caseros para los efectos psicológicos, mal humor, tristeza, mayor sensibilidad, aunque no lograban disiparlos del todo. Otros efectos que me molestaban eran que la rinitis empeoraba, sentía las piernas cansadas, hinchazón, granos, memoria afectada… Y un sentimiento de para qué tenía que pasar por todo eso si además yo no quería tener hij@s… Yo no quería tener menstruación.
Hace poco más de una semana comentaba con mi compañero de ruta que, después de un embarazado deseado y una hija maravillosa (lo mejor que me ha pasado en la vida), tenía la certeza de que cuando me volviese la regla mi sentimiento hacia ella (la menstruación) sería diferente. Tiene gracia (¿será casualidad?), porque además leí recientemente dos blogs en los que tocaban el tema. Y resulta que unos días después me pilla de sorpresa, o no tanto porque algún síntoma tenía, y me encuentro de nuevo con mi antigua compañera de batallas, después de diecinueve meses sin vernos.
Andaba yo algo revuelta emocionalmente, y tuve dolores, no como siempre, pude soportarlos, no se si porque estaba atenta a la nena, o porque no pensaba (erróneamente, ahora lo sé) en lo que se me venía encima otra vez.
Ha sido una regla normal, en cuanto a duración y cantidad. Pero no me he sentido tan harta o enfadada con su presencia, como solía pasarme.
Y todo esto que os cuento es porque he tomado una decisión, aunque la verdad es que ya la tenía tomada desde hacía unos meses. ¿Qué ha producido ese cambio? La maternidad. Mi hija, que me ha abierto horizontes nunca imaginables antes para mí y me ha quitado también muchas vendas de los ojos. Quiero aceptarme como soy, mujer. La menstruación es una parte de nuestras vidas, de nuestra sexualidad, de nuestra capacidad de dar vida. Quiero aceptar mi cuerpo y todo lo que viene de él. La menstruación no es una enfermedad, como parece que la tratamos, porque si la aceptamos y conectamos con nosotras mismas, con nuestros sentimientos, nuestro corazón, nuestra mente, nuestras intuiciones, tendremos antes nosotras una puerta hacia el crecimiento. Porque estoy segura de que el conocimiento de tu propio cuerpo y de tu ser te hacen más libre, pero para eso hay que deshacerse de prejuicios y aceptarnos con todo nuestro amor.
Se dice que el síndrome premenstrual es una consecuencia de no respetar nuestro cuerpo y su necesidad cíclica, como la vida.
Es una realidad que durante el período premenstrual o durante, estamos en un estado “alterado”, nos sentimos diferentes. Yo suelo estar más sensible, con una necesidad imperiosa de estar tranquila, sola, en calma, sin inmiscuirme en la vida social. ¿Por qué no utilizar ese estado “alterado” de nuestra consciencia, para adentrarnos en nuestro interior, nuestras sombras? El problema es que nuestra sociedad no favorece este encuentro.
Hay varias teorías, como las de Miranda Gray o la doctora Christiane Northrup, que asimilan el ciclo menstrual con el ciclo lunar. Bajo mi punto de vista tiene bastante sentido. Pre-ovulación, luna creciente, sociabilidad. Pre-menstruación, luna menguante, introversión.
La eliminación de la menstruación con la píldora es otra forma de desconexión de nuestro cuerpo, nuestras hormonas, nuestra sexualidad, y en definitiva de nosotras mismas y de la vida. Ahora existe la posibilidad de estar ocho meses al año sin menstruación, y aunque esa posibilidad podría haberme resultado muy golosa hace un tiempo, actualmente me parece aberrante el daño que nos afligimos a nosotras mismas. Mi experiencia con la píldora (tengo claro que no tiene que ser la de otras mujeres), hace ya muchos años, no fue nada buena. Terminé dejándola de tomar porque me encontraba en un estado constante de tristeza, apatía, depresión, además de dolores de cabeza, entre otras dolencias, y es que los efectos secundarios de la píldora son demoledores. Me hace gracia cuando se habla de “la pastillita del día después” que toman algunas incautas, con lo malísimo que es eso para el cuerpo. Estoy de acuerdo en que ese coctel hormonal no tiene que traernos nada bueno. Pero ¿y qué pasa con las mujeres que toman todos los días un coctel que les revoluciona continuamente su sistema hormonal? No somos conscientes del daño que nos hacemos, y vivir en la inconsciencia me parece muy triste, tenemos que confiar más en nuestro cuerpo y aceptarnos como mujeres que somos.
Lo que está claro es que la píldora impide totalmente la comunicación interna y la maravillosa sinfonía entre nuestro cerebro, hormonas, útero y ovarios.Nos ha desconectado de nuestra sabiduría femenina”
Dra. Christiane Northrup
Me ha gustado mucho leer el artículo: “Menstruación: la sabiduría oculta. Los peligros de la píldora anticonceptiva y los tampones convencionales”, que el Blog Alternativo publicó en El dedo en la llaga. Hemos publicado un extenso documento que pretende DES-ESTIGMATIZAR la menstruación y devolverla al lugar que le corresponde, y de paso, desenmascarar a los anticonceptivos hormonales que mutilan nuestro sistema endocrino y a la industria del tampón convencional que juega con nuestra salud. Leer este artículo me ha servido, entre otras cosas, como una palmadita en la espalda. Porque lo que ahora siento también lo sienten otras mujeres, y se que estoy en el camino correcto.
Puesto que vivimos en una sociedad donde la regla es algo que cada una debe guardarse mucho de mostrar, en todo caso es usada para desvalorizar a la mujer o para enriquecerse a su costa, es difícil poderse mostrar cual somos, pero no imposible. Me gustaría poder enseñar a mi hija a valorar su cuerpo y así misma, como mujer, a enseñarle que la menstruación es una herramienta más para crecer y conectarse con su interior, que es una parte más de nuestra sexualidad, y que sin ella la vida que somos capaces de engendrar en nuestros vientres no existiría.

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