Contra el Intrusismo en la Crianza

Cuando una se convierte en madre se expone, sin comerlo ni beberlo, a una multitud de consejos, la mayoría mitos y leyendas, que le llueven desde todos los flancos. Imposible esquivarlos. Una entonces puede decantarse entre el ataque, la comunicación o la retirada. Y muchas veces, en mi caso, por cansancio ya, termino decantándome por esta última alternativa, el por un oído me entra y por otro me sale. El único consejo que yo doy a las mamás primerizas es no hacer caso de ningún consejo, simplemente guiarse por su instinto e informarse bien. El problema es cuando estos consejos nos vienen de instituciones o empresas que en principio gozan de nuestra confianza.
Louma, de Amor Maternal, ha tenido la iniciativa “Contra el intrusismo en la crianza” para que nos animemos a denunciar estos consejos que, proviniendo muchas veces de instituciones o empresas reconocidas, no tienen ninguna base científica y sin embargo no dudan en decirnos cómo tenemos que actuar en la crianza de nuestr@s hij@s. Hace poco estuve haciendo limpieza de estanterías y me encontré con el montón de revistas que me dejaron cuando estaba embarazada. Iba a tirarlas todas, su anterior dueña me dijo que no las quería de vuelta, cuando me encontré con un volumen de Larousse del Bebé. No recordaba haberlo leído, creo que en su momento simplemente le echaría un vistazo por encima. Habla del embarazo, del parto y el bebé hasta el año de vida. Así que me puse a ojear y aunque en general, si bien es verdad que no lo he leído todo, es bastante “ilustrativo”, no han podido evitar soltar alguna que otra perla.
Antes de entrar a contaros lo que me parece denunciable de estos señores de Larousse, quiero hacer mención a algo que nos recomiendan y que me suena un poco, lo primero anticuado (el ejemplar es una 2ª reimpresión de 2008, no se si lo habrán actualizado, he mirado por Internet pero no lo parece) y lo segundo fuera de lugar, en mi opinión. En la página 109: Los últimos preparativos: Para el padre: – Llene los armarios y la nevera. Va a pasar al menos tres o cuatro días en la maternidad y se sentirá muy cansada cuando vuelva; el padre, por su parte, tendrá que seguir trabajando, visitarla y no le quedará demasiado tiempo para las cosas del hogar. Prepare, comidas para toda la familia o, en su caso, una lista de menús simples. – Ayúdelo a que no se olvide de nada. Deje notas recordatorias por todas partes con las consignas de intendencia (regar las plantas, poner el cava en la nevera para la vuelta, etc.) o grábelas en una casete. Para usted: – Vaya a la peluquería. Es el momento ideal para cambiar de corte o de color y tener un aspecto estupendo en la maternidad. Además, después del parto no dispondrá de mucho tiempo. – Busque un fisioterapeuta. No es demasiado temprano para pensar en volverse a poner en forma… Dejando al margen la falta de actualización. En el primer caso creo que no han tenido para nada en cuenta el papel del padre, fundamental por cierto. Es él quien tiene que encargarse de las tareas del hogar, y de cuidar y ayudar a la madre, para que ésta pueda ocuparse del bebé. Que no es mala idea dejar unos tuppers en el congelador, pues claro que no, pero una cosa es una cosa y otra… Y en el segundo caso, no se las demás pero yo lo que estaba deseando era encontrarme con mi bebé en mis brazos, no preocuparme por si estaría o no monísima para recibir a las visitas. Y lo del fisioterapeuta… desde luego mis prioridades eran otras.
Y ahora sí, quiero dejar constancia de cómo pretenden que actuemos con nuestro bebé. Parece ser que tienen un gran problema con el tema del sueño, porque sólo he visto esa recomendación cuando se trata de este tema: “Déjenlo llorar”, tal cual. Nos están diciendo que no prestemos atención a las necesidades de nuestr@s hij@s, que no respetemos sus necesidades. Aquí os dejo algunos párrafos: Página 193: El sueño. El lactante hasta los 6 meses. El niño se adapta mejor a la nueva vida si se le proporciona sensación de seguridad. Unos cuantos principios básicos sirven para crear las condiciones adecuadas: – Cama o cuna confortables. El bebé pasa echado muchas horas y el capazo, tan agradable, pronto se le quedará pequeño. Al niño le gustar reconocer el color, el olor y la forma de su cama. Le encantará contar con algunos elementos que se convertirán en un universo familiar y divertido: algunos peluches, un móvil, etc. – No cambiarlo de cama. Si se le pasa a otra habitación para mantenerlo tranquilo, conviene llevarlo a su cuna para que conserve los puntos de referencia. Del mismo modo, en las salidas de fin de semana o de vacaciones, es aconsejable llevar la cuna plegable, que se ha convertido en algo familiar. – Cogerlo en brazos tras las tomas. Echado sobre su madre o acurrucado en brazos de su padre, recupera las voces, los olores y los gestos que lo tranquilizan. Pero hay que separar los mimos del adormecimiento para que aprenda a dormir solo en la cama. Déjenlo llorar De vuelta en la cama tras los mimos posteriores a la toma, si todavía no lo ha hecho, puede dormirse a costa de algo de llanto. Hay que dejarlo llorar: es su forma de adquirir el sueño. Evidentemente, debe comprobarse que no le incomode nada, que no tiene demasiado calor y que va limpio, pero no hay que volverlo a coger en brazos si los lloros persisten, pruebe a tocarlo con la mano para tranquilizarlo mientras le dice algunas palabras o le canta una canción de cuna, pero sin estimularlo demasiado; acabará por dormirse. No conviene que la madre lo lleve a su cama por la noche, ya que podría quedarse dormida antes de volverlo a poner en la cuna, con el riesgo de dañarlo sin querer. L@s niñ@s no tienen por qué pasar tanto tiempo echados, podemos tenerlos encima, donde además estarán más a gustito. Y será nuestro olor y nuestro calor lo que les guste sentir. ¿Los puntos de referencia? El mayor punto de referencia para un bebé es su madre. ¿Una cuna de viaje que utiliza de vez en cuando se convierte el algo familiar? Y entonces llegan las palabras, que pretenden ayudarnos, y que en realidad sólo muestran una falta total de respecto hacia el bebé y hacia los padres, por intentar hacernos creer que es lo mejor para nuestr@s hij@s, no atenderles cuando nos necesiten. Al leer lo de “acabará por dormirse” no se si me dan ganas de reír o de llorar. Si, acabará por dormirse, resignad@ porque nadie le hace caso y agotad@ por el estrés sufrido. Y por último nos dejan muy claro que no están a favor del colecho, por si le dañamos sin querer, como si les importase que dañemos a nuestr@s hij@s aposta con nuestra indiferencia hacia su llanto (su llamada).
Unas páginas más adelante, hablándonos otra vez del sueño, esta vez del bebé de seis meses al año, páginas 217: Sigue llorando por la noche A partir de los seis meses, algunos niños duermen peor. Sin duda, es necesario comprobar que no haya ningún problema (que esté limpio, que no tenga demasiado calor, etc.) pero, una vez realizadas estas comprobaciones hay que resistirse al deseo de cogerlo y de darle algo de beber o de comer. Y continúa. Habría que saber qué es dormir peor para ellos. ¿Despertarse más por la noche? Si mi hija se despierta por la noche y llora, llorará más si tardo en cogerla. Y lo mejor para calmarla y que continúe durmiendo, normalmente no llega ni a llorar, es ofrecerle el pecho (que le tiene junto a ella), del que mamará un poco y continuará tranquilamente durmiendo.
Así que no se a vosotros pero a mi todo este tema del sueño me recuerda a método Estivill. Yo les aconsejarían que se leyeran “Dormir sin lágrimas” de Rosa Jové, para que sepan los daños que produce dejar llorar a un/a niñ@. Para terminar os lo vuelvo a recordar (ya lo he comentado en otras ocasiones): Si no atendemos la llamada del bebé o niñ@ se producirá un aumento de la adrenalina y el cortisol (este mata neuronas). El sistema emocional se colapsa y el área del lenguaje queda anestesiada. En ese estado no puede entender nada, por mucho que nos empeñemos en decirle que todo irá bien. Como el cerebro no aguantaría esto, secreta endorfinas y serotonina, con lo que el/la niñ@ cae rendid@ y se duerme. Pero no hay que confundir esto con que el método haya funcionado y haya aprendido algo, todo lo contrario, el/la pequeñ@ está autodrogad@. Y con el tiempo dejará de protestar porque se dará cuenta de que no sirve de nada, pero los niveles de cortisol seguirán por las nubes, porque seguirá estando asustad@. El cerebro del/a niñ@ a esas edades no está preparado para gestionar su bienestar, y un estrés constante conduce a la depresión, ansiedad y consumo de alcohol en la edad adulta.

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