Recuerdo cuando todavía me quedaban tres meses para
dar a luz, con la idea clara de no ponerme la epidural, y me encontraba con los
consejos insistentes de una mamá que acababa de parir, de que la epidural era
lo mejor. Llegué a pensar si esta mamá no se llevaría comisión, ya que tuve que
escuchar eso y sus explicaciones cada vez que nos veíamos, como si no supiese
lo que yo opinaba (que lo sabía) y como si no recordase que me lo había contado
ya no se cuantas veces.
Sabía de los riesgos de la epidural y sabía que se
podía parir sin ella perfectamente. Quería ser consciente de mi parto, quería
ayudar a mi hija a nacer, vivirlo plenamente, sin necesidad de medicalizar
nuestro parto con todas las consecuencias que ello podía traer. No quería
quedar anestesiada sin la capacidad de sentir a mi hija, y por ende relegada a
un segundo plano necesitando la ayuda de terceros para traer a mi hija al
mundo. Al final no conseguí nada de eso, mi parto fue largo y no supe vivirlo
de otro modo que desde el dolor casi constante, por lo que cuando ya en la sala
de dilatación vino la anestesista a ponerme la epidural, sin yo haberla pedido,
y metiéndome prisa ante mi visible duda, no pude más y accedí a ponérmela. Me
relajé, claro que sí, dejé de pasarlo mal, incluso tuve ganas de dormir (cosa
que no hice), pero no me sentí bien, con la epidural vino la oxitocina, entre
otras cosas, el sufrimiento fetal y mi total desconexión de mi hija. Sí, todo
salió bien. Pero me hubiese gustado que hubiese sido de otro modo, me hubiese
gustado estar totalmente presente, sintiendo todo mi cuerpo y por supuesto el
de mi hija.
No es mi intención que nadie se sienta culpable por
ponerse la epidural, ni mucho menos se sienta atacada con mis palabras, como
veis yo también me la puse. Pero creo que hay que hacerlo con consciencia y muy
bien informadas, porque riesgos hay, de lo contrario no nos harían firmar antes
un consentimiento. Papel por cierto que saben que en esas condiciones no
estamos para leer, aunque por otro lado es una información, que como digo,
deberíamos conocer de antemano, conocer todas las alternativas.
Por eso quiero compartir cuales son los riesgos o
efectos secundarios de la epidural, que todos no tienen por qué ocurrir, pero el
riesgo está ahí:
– La epidural nos desconecta del parto y de nuestro
bebé, porque dejamos de sentir. Nos incapacita en un proceso en el que la madre
debería llevar las riendas.
– La epidural interfiere en la producción normal de
las hormonas que se segregan de forma natural y necesarias en un parto, entre
ellas la oxitocina. Al reducirse su producción hace que se paren o reduzcan las
contracciones, se para o ralentiza el
proceso de parto.
– Si el proceso de parto ha quedado paralizado se
utilizará oxitocina sintética, lo que provocará contracciones artificiales y
más fuertes, con el consiguiente sufrimiento fetal.
– Riesgo de
rotura e hipertonía uterinas como consecuencia del uso de la oxitocina.
– Reducción o
pérdida del reflejo de pugo.
– Con la
epidural queda anestesiado el suelo pélvico, lo que puede originar que la
cabeza del bebé no gire para atravesar el canal del parto (quedando en
presentación posterior) y sean necesario el uso de forceps, ventosa e incluso
cesárea.
  
– Reducción de
la presión sanguínea.
– Incapacidad de
orinar.
– Picor.
– Temblores y
escalofríos.
– Nauseas y
vómitos.
– Fiebre materna
y su consiguiente efecto en el bebé.
– Dificultad
respiratoria, tras el parto, que puede derivar en paro respiratorio.
– Hemorragia
postparto.
– Dolores de
cabeza postparto.
– Dolor de
espalda postparto.
– Baja puntuación
en el test de Apgar del bebé.
– Mayor riesgo
de ictericia neonatal.
– Dificultad
para el establecimiento de la lactancia.
– La
epidural no es totalmente efectiva en todos los casos.
Por todos estos
motivos no me parece bien ir recomendando la epdirual, como si tal cosa, porque
a nosotras no nos haya ido mal.
Existen otras
alternativas a la epidural, no farmacológicas. Algunas de estas alternativas son: baños de
agua caliente, pelotas hinchables, inyecciones de agua estéril, hacer lo que
nos pida el cuerpo (comer y beber si lo deseamos y tener libertad de
movimientos), estimulación con TENS (electrodos en la zona del dolor), masajes
y técnicas de respiración y relajación. No estaría de más informarse, durante
el embarazo, si nuestro hospital cuanta con alguna de estas alternativas. Y lo que siempre debemos tener en cuenta es el apoyo y acompañamiento emocional a la mujer que va a parir.

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