Después de haberme leído el libro de Rosa Jové, Dormir sin lágrimas, no tenía muchas dudas sobre el sueño infantil. Pero como siempre se aprenden cosas nuevas, nos acercamos el sábado a otra reunión de La Liga de la Leche. Allí todas las mamás de niñ@s más mayorcitos desterraban la idea de que los bebés tienen que dormir de seguido. De hecho alguna vez he escuchado a alguna mamá “pues mi niñ@ me aguanta toda la noche”, y eso quiere decir sin despertarse (al menos que ella sepa) y sin comer nada, pobre. La mayoría de las mamás comentaban que según van siendo más mayorcitos se despiertan más. A los cuatros meses se despiertan más a menudo y a los seis se despiertan todavía más veces. Esto, como explica Rosa Jové, en el mencionado libro, es normal y es debido a que al tener más fases de sueño (al nacer sólo tienen dos, hasta adquirir las cinco fases de los adultos) se despiertan más veces. El problema no suele ser del bebé sino de los adultos. Con bebés con patrones de sueños similares, preguntando a los padres, se ha observado que mientras unos se quejan de lo poco y mal que duerme su hij@, otros están tan contentos con lo bien que duerme su bebé. Ell@s suelen dormir lo que necesitan, otra cosa es que a nosotros no nos venga bien. Así que mi nena duerme bien. No es una niña que duerma mucho. Ahora le cuesta bastante dormirse a la hora de acostarse. Se despierta por las noches, unas más otras menos. Pero todo esto es normal, por mucho que a mi alguna vez me pueda fastidiar Aquí os dejo, como siempre, el resumen de ese día: “1. El sueño infantil: Existen muchos mitos alrededor del sueño infantil. Conviene conocer que es un proceso evolutivo al igual que andar o controlar los esfínteres. El sueño infantil no será similar al del adulto hasta los 5 ó 6 años. – Los tres primeros meses: El sueño en esta etapa se caracteriza porque el bebé hace siestas cortas con despertares frecuentes. Esto se debe a que necesita comer a menudo. Además el bebé aún no distingue el día de la noche. – De 4 a 7 meses: El bebé comienza a dormir algo más de noche que de día. Alrededor de los 6 meses comienza a adquirir más fases de sueño lo que hace que su sueño sea más inestable. – De 8 meses a 2 años: Se trata de una etapa de maduración. El momento del sueño es temido en muchos casos y además suele ser muy inquieto. Es una etapa de grandes cambios: andar, explorar el mundo por sí mismo… en esta etapa necesitan mucha seguridad y tener la certeza de no estar solos. – De 3 a 6 años: En esta etapa suelen dejar de dormir la siesta. Como la anterior se trata de una etapa de maduración personal. Hacia los 5-6 años su sueño será similar al del adulto. Parafraseando a Rosa Jové en su estupendo libro: Para dormir como un mayor ¡hace falta serlo! 2. Problemas: – Falta de información: Como en tantas situaciones, la falta de información nos puede llevar a pensar que nuestro hijo tiene un problema cuando no es así. Recomendamos encarecidamente la lectura de un buen libro sobre sueño. El de la doctora Jové es excelente. – Falta de sincronía: En muchos casos creemos que nuestro hijo tiene un problema y lo que ocurre es que simplemente no se ajunta los patrones de sueño que a nosotros nos vienen bien. Ya sea por nuestro trabajo o nuestras costumbres. Antes de tratar de instaurar un horario rígido y estricto, conviene pensar si lo hacemos por nuestro hijo o por nosotros. – Convertir lo normal en un problema: Cuando conocemos el patrón de evolución normal de sueño de los niños, muchas dudas y preocupaciones se disipan. Si sabemos que a la edad de nuestro bebé son normales los despertares frecuentes dejaremos de preocuparnos y no veremos un problema donde no lo hay. 3. Soluciones: Ojalá tuviéramos una varita mágica. La única solución es dejar pasar el tiempo y respetar la maduración de nuestros hijos. Una actitud positiva de respuesta hacia sus necesidades es fundamental para que ese proceso se desarrolle con normalidad. La lactancia nos ayuda en esta tarea pues nos permite satisfacer las necesidades de nuestros bebés de una forma rápida, cómoda y amorosa, también por la noche. Muchas madres encuentran que compartir la cama con sus hijos les ha ayudado a dormir mejor en estos primeros momentos de sus vidas. El colecho es seguro siempre que se cumplan ciertas normas básicas: La cama no tiene un colchón demasiado blando o de agua. Los padres no fuman ese cuarto (a ser posible en toda la casa), ninguno de los padres sufre obesidad severa. Ninguno de los padres está bajo los efectos del alcohol o de somníferos. No se debe arropar al bebé en exceso. No se debe dormir con un bebé en el sofá. Para finalizar, conviene recordar: Somos padres tanto de día como de noche Bibliografía: “Dormir sin lágrimas” Rosa Jové. Editorial La Esfera de los libros”

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