El desarrollo cerebral no sólo está determinado por los genes y nuestra biología, sino también por la interacción con el medio ambiente. De ahí la gran influencia de la estimulación recibida en la infancia, que es cuando el crecimiento neuronal es mayor.

 

De hecho, dependiendo de la estimulación que reciba un niño en sus primeros años, se producirán conexiones entre unas neuronas y se eliminarán otras. Esto afecta al desarrollo futuro, tanto físico, como emocional e intelectual, la memoria, la atención y el aprendizaje.

 

Existe evidencia científica de que los niños que han sido privados de contacto físico y emocional, o con deficiente apego materno-infantil, en edades muy tempranas, muestran un retraso en el desarrollo motor, lingüístico e intelectual, a parte de alteraciones de la conducta.

 

La solución a esto no es sobreestimular a los bebés y los niños, cosa que afecta de igual manera negativamente a su desarrollo, sino ofrecerlesla justa estimulación mediante nuestra accesibilidad y contacto constante.

 

 

 

 

¿Cómo se relaciona el medio ambiente y nuestro desarrollo cerebral?

 

El sistema nervioso recibe los estímulos del exterior y el interior del organismo, a los cuales transforma en impulsos nerviosos, que viajan a través de las neuronas. Esos impulsos llegan al cerebro, donde son procesados e interpretados, y luego el cerebro envía una respuesta que llega a los diferentes órganos.

 

La mielinización es el proceso en el que se forma una vaina de mielina (sustancia lípida de color blanquecino) alrededor del axón o cilindro-eje de la neurona o célula nerviosa.

 

La mielina se encuentra en el sistema nervioso en los seres vertebrados y facilita la transmisión de los impulsos nerviosos de unas neuronas a otras, entre las distintas partes del cuerpo, gracias a su efecto aislante, lo cual hace que la recepción y envío de estímulos se haga correctamente.

 

No es el número de neuronas lo que influye en nuestro aprendizaje sino las conexiones neuronales, fomentadas por la estimulación del medio ambiente que reciba el bebé/niño.

 

Si la vaina de mielina se deteriora o el proceso de mielinización no se lleva a cabo de forma eficaz, las neuronas funcionan mal. Esto afecta al sistema nervioso, ya que los impulsos eléctricos no se conducen con suficiente velocidad o se detienen en los axones.

 

Una neurona con los axones recubiertos de mielina transmite unas cien veces más rápido los impulsos nerviosos que una neurona que no tiene los axones recubiertos con mielina, produciendo una mayor eficacia en el funcionamiento del organismo.

 

De la misma manera que hay un aumento neuronal, si no ha habido conexión entre neuronas, por el motivo que sea, se produce lo que se llama poda sináptica (de las neuronas), para eliminar las conexiones que no se han estimulado y por tanto no se consideran necesarias. Esto ocurre especialmente entre los 5 y los 16 años.

 

El proceso de mielinización es imprescindible para el aprendizaje ya que la mielinización se realiza en el entorno donde nos hayamos.

 

 

Proceso de mielinización

 

Cuando el bebé nace está mielinizado el cerebro reptiliano (áreas subcorticales, responsables de las conductas reflejas o involuntarias), y progresivamente se van a ir mielinizando las zonas corticales (responsables de las conductas voluntarias y de carácter más complejo).

 

Las estructuras básicas para funcionar correctamente se producen durante los dos primeros años de vida, sobre todo el primer año (en el resto de los mamíferos se producen en el vientre de su madre).

 

El 80% del proceso de mielinización se ha producido a los 6 años (una cuarta parte de este porcentaje se da en el vientre materno), un 10% de los 6 a los 30 años, y el 10% restante a partir de los 30 años.

 

La correcta estimulación en edades tempranas permite la formación de conexiones y redes nerviosas, produciendo una mayor capacidad intelectual.

 

 

Nuestra función como padres en la crianza de nuestros hijos

 

Está suficientemente probado que la estimulación acelera el proceso de mielinización. La estimulación prenatal y neonatal, así como la recibida en los primeros tres años de vida, afecta y promueve el desarrollo de conexiones neuronales.

 

El mayor periodo de plasticidad del cerebro se corresponde a los 6 primeros años de vida, y aun más de 0 a 3. 

 

El vínculo de los padres con sus pequeños, especialmente el vínculo madre-hijo/a, es fundamental para el correcto desarrollo de la corteza orbitofrontal.

 

Durante los primeros meses de vida esta zona del cerebro es especialmente sensible a situaciones que causan estrés al bebé, como el llanto no consolado o la falta de contacto físico. Estas situaciones mantenidas en el tiempo, debido al  flujo constante de hormonas del estrés, pueden dañar el cerebro de forma permanente.

 

Por tanto, dar amor a nuestros hijos/as, ofrecerles contacto físico y por ende atender sus necesidades, en sus primeros años de vida, es de vital importancia para su correcto desarrollo a todos los niveles.

 

 

Si no disponemos de información veraz sobre el desarrollo normal de los bebes y niños, podemos dejarnos llevar por la creencia errónea de que desatender sus necesidades es bueno para ellos.

 

Personalmente me sale de las entrañas atender el llanto de un niño, no ya porque le vaya afectar en un futuro (que también) sino porque en el momento presente mi deseo es cuidarlo, que no sufra y que sea feliz.

 

 

 

¿Consideras, como madre o padre, que es importante conocer esto?

 

 

 

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