Hace dos fines de semana tuve, de nuevo, el placer de asistir a una conferencia de Yolanda González, que organizaba la asociación Besos y Brazos: “La Envidia, los Celos y las
Mentiras”. No me canso de decir lo que me gusta esta mujer. La conferencia se
me hizo corta y como siempre me quedé con ganas de más.
Los adultos
siempre intentamos que los pequeños nos entiendan. No entendemos por qué no nos
hacen caso. Pero no son ellos los que tienen que entendernos sino nosotros a
ellos, pues como adultos somos nosotros quienes debemos comprenderles y
empatizar con ellos.
Yolanda comenzó
haciéndonos un par de preguntas: ¿Sólo mienten, sienten celos o envidia los
niños? ¿Entonces por qué nos preocupa tanto que ellos, siendo niños, lo hagan?
Para empezar hay
que saber que la envidia, los celos y las mentiras son sentimientos y no
emociones (miedo, rabia, tristeza y alegría, son las emociones básicas).
La envidia es un sentimiento de carencia, más
primitivo que los celos, y para que surja hacen falta dos personas.
Aparece cuando
se empiezan a disputar los juguetes. Y el problema no es sentir envidia, ya que
esta puede resultar un estímulo para mejorar y propornenos conseguir lo que
queremos, sino el grado de intensidad, ya que puede convertirse en destructiva.
Los celos son el sentimiento de deseo de posesión.
Hacen referencia al vínculo, la capacidad de vincularse con el otro. Aparecen
cuando hay una amenaza de pérdida, el temor de perder el vínculo. Por tanto
para que se surjan hacen falta tres personas.
Al igual que con
la envidia, todo depende del grado, pues los celos son normales y habituales,
son necesarios.
Y es que hasta
los seis años los niños son egocéntricos, deben ser egocéntricos, que no
egoistas, ya que les corresponde como una etapa más en su desarrollo evolutivo.
Hasta los tres
sería la etapa egocéntrica por excelencia, cuando todo es suyo, da igual que
sea un juguete, su madre o la madre de otro niño, todo es suyo y les pertenece.
Hay que permitirles que satisfagan esa necesidad, ya que de lo contrario se
convertirán en adultos egoistas. Siempre hay que buscar una solución creativa
para resolver el conflicto, cuando surge.
Por tanto no hay
que obligarles a compartir cuando no están preparados para ello. De hecho ellos
sólo aprenden a hacerlo cuando no se han visto amenzados en sus necesidades, se
convierten en niños generosos, aprenden a jugar y a hacer trueques, sin la intervención
de los adultos. Porque este es otro tema, los adultos interferimos creyendo que
ayudamos y lo que hacemos es crear problemas. La labor educativa consiste en no
interferir, sino en confiar en su proceso madurativo y en sus ritmos. Hay que
ser coherente con las fases infantiles, claro que para ello debemos saber que
son fases normales por las que deben pasar para su correcto desarrollo.
Para tratar
estos sentimientos:
Lo primero que
hay que hacer es reconocerlos y aceptarlos como son y nunca negar sus
emociones. Debemos darrles nombre, ya que con tres años empezarán a entenderlo.
De esta forma sentirán que su emoción es válida y no son monstruos por sentirse
de esta u otra manera.
Otra cosa que
tenemos que hacer es buscar momentos especiales de complicidad con el niño que
tiene celos o envidia. Pero además de llevarlo a la práctica es conveniente que
lo verbalicemos con él para que se sienta comprendido.
Y por último,
además del recoconomiento, mucha mucha paciencia.
Las mentiras son una habilidad psicológica, cuya
intención es la de engañar, y esto en la primera infancia (hasta los 7 años) no
ocurre. Por tanto los niños no mienten.
En esto Yolanda hizo mucho incapié.
Hay estudios que
demuestran que los adultos mentimos tres veces a la semana y en el caso de
encontrarnos en la calle con un desconcido las mentiras llegarían a ser tres
como mínimo. Un ejemplo y el más habitual, es cuando nos preguntan “qué tal”.
Sin embargo el hecho de creer que nuestro hijo nos están mientiendo nos hace
sentir mucha rabia.
Como siempre,
debemos conocer las fases evolutivas de los niños antes de pretender juzgarlos.
Sabiendo que los menores de 4 años no distinguen fantasía y realidad, los
menores de 7 años tienen grandes dificultades para cambiar de perspectiva y que
hasta los 12 años no empieza a desarrollarse la empatía, creo que deberíamos
replantearnos, y mucho, el concepto que tenemos sobre el tema de las mentiras y
los niños.
Los niños, por
tanto, no mienten. El hecho de que parezca que lo hacen puede deberse a varios
motivos. A esas edades si les hacemos preguntas sobre algo que no recuerdan (su
recuerdo es evocado, ayuda el situarlos en un contexto y un espacio para que
recuerden mejor) lo que hacen es inventárselo para rellenar esas lagunas. Igualmente
a esas edades no distinguen realidad y fantasía. También lo hacen  para salvaguardar su propia autoestima, por
miedo a perder el amor de sus seres queridos, o simplemente nos pueden contar
que han visto un burro volando para ver qué cara ponemos. Pero nunca con la
intención de engañar.
Por eso Yolanda
concluyó y remarcó que a un niño se le cree siempre, necesitan sentirse
protegidos y entendidos. Y es muy angustioso para los pequeños que sus padres
no les crean lo que para ellos es totalmente cierto.
Justo la semana
después de la conferencia mi hija nos vino un día diciendo que le daba miedo dormir
por la noche porque había bichos (como no sabe lo que son los monstruos imagino
que utilizó esa palabra para referirse a que había algo), y el caso es que nos
lo dijo sin más, muy tranquila. Pude pensar que simplemente tenía miedo a
separarse de nosotros hasta que nos vamos con ella a la cama, que me estaba
mintiendo para conseguir algo de nosotros, que lo había soñado y ahora estaba
confundiendo la fantasía con la realidad, de hecho mi primera reacción fue
decirle que no había bichos. Pero entonces me di cuenta de que realmente para
ella si los había y si se lo negaba ella no entendería por qué su madre no
confiaba en lo que ella había visto. Entonces sólo le dije que papá y mamá
estábamos con ella y que lo que haríamos sería jugar con los bichos. Se quedó
de lo más satisfecha y la verdad es que no ha vuelto a mencionarlo.
Confiemos
siempre en ellos y tengamos en cuenta la fase de su desarrollo en la que se
encuentran.

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