El enunciado del título tiene matices,
luego veremos cuáles son.
El tema que se trataba hoy en la Asociación Crianza Leganés era sobre la estimulación temprana y la fisioterapia respiratoria. La
verdad es que entre que no tengo mucho tiempo y que no estoy de acuerdo en que
un niño normal en su desarrollo necesite estimulación temprana, a punto estuve
de no asistir esta mañana, y si lo hice fue porque estaba interesada en
participar en un estudio sobre lactancia materna que está realizando el
Hospital 12 de Octubre (están pidiendo la colaboración de madres lactantes, si
alguna está interesada le paso la información), y como se iban a encargar ellas
de recoger las muestras de las mamás que estábamos interesadas y llevarlas al
Hospital, al final me decidí a ir, y menos mal, porque me ha encantado la
reunión.
Paula, fisioterapeuta
infantil (entre otras cosas) del Centro Adin, nos ha contado un poco a qué se
dedican (desde el preparto y postparto hasta grupos de crianza), se ha centrado
sobre todo en la atención temprana enfocada a niños con dificultades en su
desarrollo y a los problemas más usuales del sistema respiratorio en los niños,
y ha resuelto encantada todas las dudas que iban surgiendo. Debo decir que
transmitía calidez y confianza a raudales.
Como parece que
últimamente está de moda eso de que todos los niños, tengan o no algún tipo de
retraso en su desarrollo, tengan
que realizar por su bien alguna actividad de estimulación temprana, ya iba yo con la idea preconcebida (por mucho que me
pese) de que era eso lo que nos iban a “vender”. Nada más lejos de la realidad.
Paula nos ha dejado muy claro la necesidad de contacto, la atención de las
necesidades del niño y no forzarles  a
hacer nada para lo que no están preparados, para que estos se desarrollen con
normalidad. Justo lo que yo pensaba.
Retomando el título que encabeza este post, estoy
totalmente convencida de que los niños no necesitan estimulación temprana, no
necesitan ir a ningún sitio para que se les estimule de ninguna manera. Con la
salvedad de dos excepciones. Una de ellas es que el niño tenga algún tipo de
retraso o dificultad en su desarrollo, lógicamente aquí habría que intervenir
para subsanar o mejorar en la medida de lo posible esas dificultades.
Un niño al que se le atiende su llanto, su necesidad
de contacto, al que se le da muestras de cariño, con el que se juega, se le
habla, se le permite estar en el suelo desde los dos o tres meses para que
pueda ir explorando según su desarrollo (sin forzarle a estar en posturas para
las que todavía no está preparado, permitiéndole que él solo se siente o se
ponga de pie cuando su cuerpo pueda hacerlo por sí mismo), se le permite
explorar con la comida (descubriendo sabores, texturas, colores, olores…), se
le coge en brazos, se le permite convivir (participar) en familia en las tareas
cotidianas… ese niño (a no ser, como decía antes, que tenga algún tipo de
dificultad en su desarrollo) no necesita estimulación temprana. No la necesita
porque ya la tiene de la mano de sus padres o cuidadores. Todo eso desde mi
punto de vista es la relación normal entre un niño y sus padres, una relación
de respeto, amor y atención.
Un niño al que se le deja horas en la hamaquita, metido en el parque, frente a la televisión,
al que se le deja llorar para que no se malacostumbre, con el que no se juega
porque no se tiene tiempo o debe aprender a hacerlo solo desde pequeñito, al
que no se le dan muestras de cariño… ese niño, que en principio no tiene (o no
tenía) ninguna dificultad en su desarrollo, puede que sí necesite atención
temprana. Este niño es la segunda excepción. Y es que carece de estímulos, de
atención, y quizás serían bueno que ya que no lo tiene en casa lo reciba de
alguna manera, aunque no sea de quien debería. Desde luego como profesional yo
aquí informaría bien a los padres de lo que realmente necesita su hijo.
Pero cuando no hacemos las cosas mecánicamente con
nuestros hijos, sino que estamos ahí para ellos, cuando les bañamos, les
cambiamos el pañal, nos sentamos a la mesa con ellos, damos un paseo
(hablándoles de lo que vamos viendo o simplemente estando presentes), nos
ponemos a bailar o a cantar, les abrazamos, les contamos lo que vamos a hacer o
cómo nos ha ido el día, cuando hacemos todo eso estamos estimulando de la
manera más natural y amorosa a nuestros hijos.

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