Acabamos de
aterrizar como quien dice, de unas descansadas y merecidas vacaciones. Los que
me seguís en facebook, tanto del blog como de la web, sabéis que no he desconectado
del todo, especialmente para estar al tanto de vuestros correos y mantener un
poco al día la tienda.
Aunque el tiempo
no siempre nos ha acompañado no nos ha importado demasiado, hemos disfrutado de
la playa, hemos paseado por la montaña, y sobre todo nos hemos recorrido todos
los parques de los pueblos que hemos visitado, eso que no falte, sino que se lo
digan a mi hija. ¿Dónde hemos estado? Pues de nuevo en Asturias, y es que el
norte nos tiene enamorados, sobre todo por sus paisajes de ensueño y su
deliciosa comida.
Pero el post de
hoy es para hablaros de un día en concreto, una noche mejor dicho, la Noche de San Juan. Uno de
esos momentos que aunque crees saber lo que te espera, sin avisar te sorprende
y se convierte en un momento maravilloso que pasa sin proponértelo al baúl de
los buenos e inolvidables recuerdos.
Después de una
gran siesta esa noche habíamos decidido bajar a a playa  y disfrutar de la tradicional noche de San
Juan y sus hogueras. Un vez en la playa y viendo que todavía quedaba tiempo
hasta que comenzase la hoguera, oímos música al otro lado del puerto y allá que
nos fuimos. Descubrimos un grupo de música que sin duda os recomiendo, Xera, un
grupo asturiano que nos dejó con la boca abierta, incluida a Minerva. Música
folk, fusión e innovación Y de fondo la luna, que a pesar de llevar nublado
casi todo el día, quiso salir a saludarnos y de paso escuchar esa cautivadora
música.
Disfrutar de la
brisa del mar, el olor a sal, la luna llena, la carita de mi hija al ver y oír
a  ese grupo y esa música nueva, y el
escuchar no sólo al grupo en sí, que me encantó, sino especialmente los sonidos
del violín y la gaita, instrumento este último que me apasiona. Todo en
conjunto convirtió el momento en una noche especial, una noche mágica, un
remanso de paz interior, un  estallido de
emociones.
Por supuesto
luego disfrutamos también de la hoguera (de lejos) con el mar y de nuevo la
luna de fondo (que tímidamente se asomaba y se escondía), y de unos inesperados
fuegos artificiales, que en un principio asustaron a Minerva (era la primera
vez que los veía) pero que rápidamente la hipnotizaron.
Ahora en nuestra
casa y en nuestra rutina, todo aquello parece un sueño.

¿Y vosotros,
tenéis cerca vuestras vacaciones?

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