Y yo sin conocer todavía esa delicia de pezones, blandos, cálidos, dulces, salados. Pues sólo había conocido hasta ahora la dureza y la frialdad del plástico. ¡Nos hemos liberado! ¡Por fin hemos dejado las pezoneras! Cuando nos dieron de alta en el hospital, como hasta ese momento la nena no había enganchado bien al pecho, me dijo una enfermera que si le quería dar el pecho me recomendaba utilizar pezoneras (recalcando que no les gustaba recomendarlas). Así que no me lo pensé dos veces, yo quería dar el pecho a mi niña costase lo que costase. Una vez puestas enganchó a la perfección, el problema fue que después no había forma de quitárselas. Nos aconsejaron el agarre espontáneo, la posición del caballito, probar a quitársela cuando no tuviera mucha hambre o cuando estuviera mamando medio dormida. Cuando tuve la mastitis, al mes y medio, la matrona que nos atendió nos dijo que había que quitárselas sí o sí, porque las pezoneras conducían al fracaso de la lactancia (eso depende del empeño de la mamá, en algún foro he leído a mamás que seguían lactando con bebés ya mayorcitos gracias a las pezoneras), pero cuando conseguíamos que enganchase un poco se soltaba al momento llorando, la pobre se dormía de agotamiento, se volvía a despertar porque tenía hambre y vuelta a empezar. Motivos para quitar las pezoneras tenemos varios: con las pezoneras no vacían bien el pecho y se puede tener problemas como mastitis u obstrucción mamaria, el aumento de peso puede ser más lento (os aseguro que esto nunca ha sido nuestro problema), las tomas se hacen más largas, pueden coger más aire (tampoco ha sido este nuestro caso), el rollo de tener que andar con las pezoneras para todos los lados y la pérdida del contacto piel con piel, para mí el principal motivo para deshacernos de ellas. Así que los dos primeros meses, entre unas cosas y otras, no disfruté de la lactancia como me hubiese gustado. Hasta que un día me dijeron en una reunión de Multilacta (Eloísa, gracias) que si las dos estábamos a gusto así, podíamos seguir así sin problema. Se me olvidó la obsesión por quitarnos las pezoneras y muy de cuando en cuando lo intentaba sin éxito, y aunque ya ni siquiera enganchaba un poco sin ellas, no le daba mayor importancia. Hasta que hace una semana probamos, sin que estuviera muy hambrienta y otras veces medio dormida. El primer día enganchó en alguna toma sin ellas, en otras las pedía y se las ponía, y al día siguiente aunque se resistió en una toma en la que lo que quería era dormir, superamos el bache y aquí seguimos. Lo que si me habían dicho es que YO tenía que estar segura de querérnoslas quitar. Esa es una gran verdad. Creo que a veces, en el fondo, por muchas ganas que tuviese de que mamase directamente del pecho, me daba miedo de que me salieran grietas, o me sentía incapaz de creer que mi niña prefiriese mamar directamente de mi pezón. Quizás me ayudó el oír que algunas mamás lo conseguían entre los cuatro y los cinco meses de su bebé, o quizás fue que Minerva ya estaba preparada (matizo, las dos estábamos preparadas), porque lo conseguimos con cuatro meses y medio. Por cierto, no me han salido grietas. Al principio tuve los pezones un poco doloridos, y es que le costaba abrir bien la boca, acostumbrada como estaba a las pezoneras. Pero con una buena postura hemos evitado las grietas y rozándole el labio superior he conseguido que abriese más su boquita. Esto es otro mundo para las dos, otra vez nos volvemos a encontrar, esta vez piel con piel, sin nada que se interponga entre las dos. Además de la sensación de libertad y rapidez, sin tener que andar poniendo, volviendo a poner porque se ha movido, quitando, lavando, no pudiendo olvidarte de meterlas en la bolsa cuando vamos algún sitio, para mí lo más importante de todo esto es que mi hija mame directamente de mi pezón, pues no podía evitar a veces la sensación de rechazo por su parte cada vez que intentaba ponerla sin la pezonera. Ahora nos encontramos en un proceso de aprendizaje, tanto ella como yo. Las tomas son mucho más cortas, parece mentira que se quede saciada en tan poco tiempo. El único problema con el que nos hemos encontrado (lo mismo es casualidad) es la dificultad de conciliar el sueño por la tarde-noche (aunque siempre ha dado algo de guerra, la hora tonta). Con paciencia y muchos mimos, estoy segura de que lo superaremos como hemos hecho otras veces. He querido contaros toda nuestra experiencia por si le sirve a alguien de ayuda. En su momento intenté buscar información por Internet pero apenas hay nada relevante. Los motivos por los que se empiezan a usar las pezoneras pueden ser: porque salgan grietas, lo cual se puede evitar con una postura adecuada; bebés prematuros; bebés que tienen problemas de succión, aquí habría que descartar frenillo o mentón retraído, entre otros; y pezones planos o invertidos, aunque esto no debería suponer ningún problema para la lactancia, pues los bebés no maman sólo del pezón. Personalmente creo que si hubiese tenido más ayuda no me hubiesen hecho falta las pezoneras, se pueden evitar las pezoneras con pezones planos. A alguna enfermera tuve que oír diciéndome que lo iba a tener difícil sino imposible para dar el pecho a mi niña (tenía pezones planos, ahora ya no tanto, ja, ja). Esto desde luego no me ayudó para nada a tener confianza en mi misma. Y fue la pediatra, ya en el centro de salud y en una de las revisiones, cuando por casualidad nos dijo que la nena tenía el mentón algo retraído (como su madre, y la pediatra misma), lo que podía hacer que le costase más agarrarse al pecho. De todas formas, por otro lado, gracias a las pezoneras pudo tomar, continúa tomando y seguirá tomando mi leche.

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