Hoy
voy a dejar paso a Noelia para que sea ella quien te cuente su historia. Noelia
tuvo a su primer hijo por cesárea, tras una inducción, en la que además tuvo
complicaciones con la epidural, resultando un parto traumático para ella y su
bebé. Su segundo parto ha podido vivirlo como ella anhelaba, y ha querido
compartir la historia de su parto, primero porque es posible parto vaginal tras
cesárea y segundo porque, como yo, considera muy importante que las mujeres
sepamos que somos capaces de parir sin intervenciones, de manera natural.
Muchas gracias Noelia, enhorabuena por tu segunda maternidad y por tu parto consciente. Os
dejo con ella y el nacimiento de su hija Briana:
Ella es mi
solecito y llegó al mundo de la mejor manera, en un parto normal y maravilloso.
El día 7 de
marzo me encontraba fenomenal  y con una
energía diferente, esa tarde llegó mi madre, hacia 5 meses que no la veía y
fuimos al aeropuerto a recogerla. Por la noche a las dos y media de la
madrugada del día sábado 8, una contracción fuerte me despertó. Me imaginé que
el parto estaba cerca pero no quise pensar en eso, pasó la contracción y me
dormí. A los pocos minutos otra me despertó y así estuve varias horas
retorciéndome de dolor en la cama, intentaba no levantarme ni gritar para no
despertar a mi niño, quería descansar pero dolían. A las 6 sonó el despertador
de mi marido y le dije: “no te vayas al trabajo, estoy con contracciones” y fui
al baño. Me preguntó si quería ir al hospital y le respondí que luego iríamos,
así que avisó al trabajo y nos preparamos para ir al hospital,  eran las 10 de la mañana y decidí ir porque
me dolían mucho.
El camino hacia
el hospital se me hizo durísimo, el movimiento del coche y los baches
incrementaban el dolor de cada contracción. Llegamos, no quería caminar, no
podía, en la entrada me dijeron que las matronas prefieren que entremos
caminando pero yo sentía que quería ahorrar fuerzas, estaba muy cansada de no haber
dormido y con mucho dolor. Me hicieron un tacto, el cuello estaba poco borrado
y tenía 2 de dilatación. Mi cari siempre a mi lado. Me pusieron monitores y yo
gritaba, estaba muy cansada y muy metida en mi mundo, no me importaba nada a mi
alrededor. Mientras tenía los monitores intentaba descansar entre una
contracción y otra, me dormía y las contracciones se espaciaron, algunas más
intensas que otras, eran irregulares y me mandaron a casa. Igual me ponía de
parto en dos horas que en dos días, me dijo la gine “pero ahora no estás de
parto (madre mía si esto no es parto… pensaba yo), las contracciones son
irregulares” y me explicó los criterios de internación. Pienso que si me quedaba
iban a colocarme oxitocina y comenzarían las intervenciones. No quise avisar a
nadie y mi cari respetó mis decisiones en todo momento, lo aleccioné bien
durante el embarazo.
Llegamos a casa
y él se fue a trabajar. No quise comer, solo agua, tenía mucha sed, quería
acostarme y echar una siesta; me dolían cada vez más las contracciones pero me
sentía tranquila. Mi niño estaba en casa con mi madre y mi marido en el trabajo.
Cerré la puerta de la habitación para estar sola e intentar descansar entre una
y otra y para gritar sin que me estuviesen mirando. A las 3 de la tarde llegó mi
marido del trabajo, preparó una bañera calentita y me sumergí. Que a gusto,
allí estuve más de una hora hasta que sentí algo así como un pujo al final de
la contracción, me dio miedo de parir ahí mismo, quise salir del agua, me vestí
y me fui al sofá. Nos tumbamos los dos, él miraba el reloj y no decía nada, yo
gritaba en cada contracción y cerraba los ojos entre una y otra. En una
contracción con pujo sentí algo líquido escurriendo por mis piernas, era
sangre, y le dije “vamos al hospital, esto no hay quien lo aguante, quiero la
epidural ahora mismo”.
Otra vez el
camino al hospital fue una tortura, no soportaba el movimiento del coche
durante la contracción. Al entrar a la consulta un médico me preguntaba cosas y
mi marido respondía. Ahí mismo rompí aguas, sentí una explosión dentro y un
liquido abundante saliendo de mi cuerpo, sentí alivio, me gustó la sensación. Me
mandaron por los pasillos, quería la silla de ruedas, aunque las matronas se
empeñaban en que caminase, no podía, y fui en silla de ruedas. Me llevaron
donde me hicieron un tacto y tenía 7 y medio! Cuello borrado, ahora si estaba
de parto! Más líquido chorreando, me quite toda la ropa. Otro pasillo, sentía
que no podía mas, llegue a la habitación donde se produciría el parto y me
gustó, había luz tenue.
Eran las 7 de la
tarde, me preguntó la matrona si quería la epidural, yo dudé y ella insistió, “si
la quieres  tiene que ser ya”; mi marido
y yo nos miramos y dije “lo voy a intentar sin epidural”. Había una camilla y
me dijo la matrona “ponte en la posición que quieras”. Me senté y luego apoye
la espalda,  litotomía, era la posición
que nunca me hubiera imaginado, pero me encontraba bien así; me puso una vía,
monitores y se fue, y me dijo que ya regresaría.  No me gustó la matrona, era borde y
antipática, discutí con ella cada cosa que hacía, ella iba y venía. Yo empujaba
con cada contracción, aquello dolía a más no poder y yo gritaba. Me puso una
luz potente en la zona de la vulva, le pedí que la quitara, la quitó de mala
gana, y me pidió que le avisase cuando tuviera ganas de empujar y así lo hice. Introdujo
los dedos y no me gustó nada, le pedí que no lo hiciera y me dijo que
necesitaba saber como venía el bebe, “me da igual, no quiero que me metas los
dedos”,  y no lo hizo más. Mi marido me
sujetaba una rodilla, tenía el deseo rarísimo de cerrar las piernas, la actitud
de la matrona me cortaba el rollo pero al mismo tiempo estaba feliz y con la
idea asumida de que mi parto iba a ser hermoso.
A las 8 y veinte
se produjo el milagro, cuando empezó a asomar la cabecita la toqué,  estaba blandita (me la imaginaba más dura) y
me dieron ganas de llorar, faltaba poquito, el dolor era intenso pero no lo
recuerdo, de verdad. En un pujo mas salió! Me la pusieron en el pecho desnudo,
estaba mojadita y calentita, ese momento fue el más feliz de mi vida.
No lloraba como
todos los bebes al nacer, estornudaba y yo sonreía, mi marido no se lo creía. Ya
está! había nacido mi niña de forma natural como tanto había soñado. Cuando el
cordón dejó de latir y estaba colapsado el papa lo cortó como habíamos quedado.
Cuando alumbré la placenta quise verla y me gustó. Mientras la matrona me cosía
el desgarro yo estaba embobada con mi niña. Y nos dejaron solos.
En dos horas nos
llevaron a la habitación, y en ese momento avisamos a la familia de que Briana
había nacido, era sábado a la noche. Ahora a descansar que el día había sido
intenso. 
Termino el
relato agradeciendo a mi marido, que estuvo siempre a mi lado, se portó
estupendamente, respetó y apoyó todas mis decisiones; a María que fue mi apoyo
emocional durante el embarazo, gracias a ella aprendí que yo podía; a mi madre
que llegó en el momento justo; a las listas de EPEN que me han enseñado
muchísimo;  al Hospital Rey Juan Carlos
de Móstoles, que no son intervencionistas (salvo la matrona que me tocó) y
principalmente a Briana, que junto con Óliver hacen que yo sea la mamá más
feliz del mundo.

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