Apenas son ya dos meses los que nos queda para los dos
añitos, todavía no me lo creo, y eso que los cambios en el desarrollo de mi
pequeña son evidentes.
El caso es que ya tenemos que estar aguantando las
coletillas “ya te queda poco para ir al cole”, “el año que viene al cole” o la
que más detesto “tu madre estará deseando que empieces ya el cole”, ¿y por qué
iba yo a estar deseando eso? Ah ya, quizás porque para algunos padres supone un
alivio poder deshacerse de sus hijos durante unas horas al día. Pues no señora,
no, para mí supondría todo lo contrario. Un año para un niño es un mundo.
Relajaros y dejadnos tranquilas a nosotras, que estamos muy bien como estamos.
Se que muchas veces es algo que se dice por no saber
qué otra cosa decir (yo es que en esos casos prefiero estar callada, será por
eso que peco de de hablar más bien poco), pero cuando la misma persona te lo
dice cada vez que te ve… cansa. Por ahora lo dejo pasar, pero se que antes o
después terminé contestando, educadamente, pero así espero ponerle fin. Ilusa
de mí, porque poco a poco estas frasecillas se irán extendiendo como si de una
plaga se tratase al resto de nuestros allegado y no tan allegados, e irán en
aumento según se vaya acercando septiembre del año que viene.
¿Quién dice que mi hija irá al cole el año que viene?
¿Por qué se da por hecho? Estamos tan acostumbrados a seguir la corriente sin
plantearnos nada, sin ver que hay más opciones, que no tenemos por qué
llevarlos tan pequeñitos al cole, que su vida no depende de ello, porque no
todos están preparados para ese paso ni lo necesitan. Cuidado que no quiero
generalizar, que se que hay muchos padres, que como nosotros, se lo plantean y
mucho, o los hay que no tienen opción, como no la tuvieron a la hora de llevar
a la guardería a sus hijos, ya que el trabajo nos les dejaba más remedio.
También habrá padres que confían plenamente en el sistema educativo tradicional
y es lo que quieren para sus hijos, yo me encuentro en el otro extremo, como ya
os habréis dado cuenta.
A ver cuando nos enteramos de que la educación
obligatoria empieza a los seis años y no a los tres. Que la escolarización a
los tres, cuatro, cinco o seis años, incluso la no escolarización, es una
elección de cada familia, no una imposición o algo que toca.
Todavía no se si vamos a escolarizar el año que viene
a Minerva, pero a día de hoy no quiero, no me apetece meter a mi hija de tres
años recién cumplidos para esa época en un aula, en la que tendrá que estar
sentadita porque sí, en la que será un número más, en la que tendrá que hacer
todo al mismo tiempo que los demás sin que se respeten sus ritmos, y sin que se
tenga en cuenta su personalidad, sus capacidades y su creatividad.
Quiero que mi hija juegue libremente, sin que sea
dirigida. No quiero que tenga la obligación, porque un niño a esa edad no tiene
por qué tener obligaciones, de pasar equis horas metida en un centro. No me
parece una buena forma de enseñar cuando es impuesto desde fuera. A esa edad
sólo tienen que jugar, y al mismo tiempo irán aprendiendo y desarrollándose
como han hecho hasta ahora. Si nosotros estamos a su lado la vida misma les irá
enseñando y ellos disfrutarán aprendiendo de lo que se les ofrece de forma
natural, satisfaciendo su curiosidad, contestando a sus preguntas, acompañándonos
en nuestros recados y quehaceres diarios, motivándoles en el día a día.
Y claro que quiero que mi hija se relacione (se
sociabilice, esa palabra tan de moda), pero con libertad y a su ritmo, sin
presiones, sin imposiciones. Esto lo puede hacer en el parque con otros niños,
con primos, niños de nuestros amigos, acompañando a papa y/o mamá en los
recados relacionándose con gente de todas las edades, etc, todo de una forma
natural.
No me gusta como está planteada la educación, un
modelo desfasado que enseña a obedecer a la autoridad, que te dice lo que debes
o no aprender, a dejar de escuchar sus pasiones, a seguir un ritmo impuesto en
masa, a ir olvidando su propia magia y su ser especial, a desatender lo que realmente
les fascina porque deben seguir al grupo y a perder su capacidad de elección e
imaginación  porque todo se les da
“prefabricado” sin posibilidad al pensamiento libre. Un sistema educativo en el
que vemos hasta normal que un alto porcentaje de niños fracasen, desmotivados y
desanimados. Todo esto me lleva a interesarme, y más con los recientes recortes
en la educación, en la enseñanza en casa. Pero a parte de que es algo para lo
que no me veo preparada, queda todavía tanto tiempo que tampoco quiero adelantarme.
Al menos cuando llegue el momento lo haré con toda la información posible en la
mano.
Se que existen escuelas alternativas, donde se hace de
otro modo, más acorde con las necesidades de cada niño, pero a día de hoy son escasas,
llevan un coste y la mayoría sólo aceptan niños hasta los 6 años. Confío en que
en estos cuatro años la cosa vaya cambiando y que estas escuelas más
respetuosas con nuestra esencia vayan proliferando. Y además están esos
colegios públicos, oasis en el desierto (que los hay, pero son los menos),
algunos trabajan por proyectos y se adecuan a lo que los niños necesitan, y no
alrevés.
No se cómo será nuestra situación para entonces, pero
si por ambas partes lo vemos factible seguiremos la línea que nos marquen los
valores que queremos para nuestra pequeña. Haremos lo que mejor consideremos
para nuestra hija, como todo padre hace siempre. Pero vayamos despacio, vivamos
el presente.
Para terminar os dejo un enlace a una conferencia de
David Pla Santamaría sobre los “Sistemas educativos que respetan el continuum”,
es larga pero muy interesante.

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