Soy de la opinión de que cuando alguien nos cuenta un problema o algo que le preocupa lo mejor que podemos hacer es escuchar, escuchar y escuchar. Sin emitir juicios y sin aconsejar, porque aunque es verdad que muchas personas necesitan que les digan lo que deben hacer el día que no se lo dicen se sienten perdidas. La mejor forma de ayudar es hacer sentir comprendido y acompañado a nuestro interlocutor, y si es necesario ofrecer algún tipo de información para ayudar a resolver el problema, que sea siempre objetiva y nunca basada en nuestra experiencia personal, porque esa es sólo nuestra y no tiene por qué ser aplicable a los demás, otra cosa es que nos pregunten directamente por lo que nosotros hemos vivido. Creo que de esa forma podemos hacer que la otra persona se sienta segura, más tranquila y con las herramientas necesarias para llegar por sí misma a la solución del problema, a la decisión que realmente le pide su corazón o a transitar las emociones que necesita para continuar su camino. Por regla general gusta mucho contar nuestra experiencia como si fuese la única verdadera, la mejor, la única que funciona, y por la que tendría que regirse todo el mundo. Como si todos fuésemos iguales.
Mi intención era contar un consejo sobre lactancia materna que me dieron cuando la pitufa contaba con unos seis meses. Aunque al final me he salido un poco de contexto en mis divagaciones, viene al caso, pues lo que quiero transmitir es que no me parece que se deba aconsejar a nadie, y menos cuando no se ha pedido consejo, basándonos en nuestra experiencia personal.
Encontrándome en el herbolario al que suelo ir, hablando con la dependienta, salió el tema de la lactancia. He de deciros que me sorprendió su comentario, primero por tratarse de un consejo basado en una experiencia propia, y segundo porque, ingenua de mí, al tratarse de una persona que parecía tener una visión realista de la vida y que valora tanto lo natural, pensé que igualmente vería la LM como lo ideal. El caso es que al contestarla, a su pregunta de si le continuaba dando el pecho a la nena, que se lo daría hasta que ella quisiese, me contestó lo siguiente. Ella le había dado el pecho a su niña hasta los 10 meses porque le empezó a morder y por ahí si que no pasaba (aquí no me meto, esa fue su decisión), pero además me dijo, si le das pecho tanto tiempo luego se hacen muy dependientes, así que ten cuidado, que mi hija que ya está crecidita ha sido y sigue siendo muy dependiente de mí. No se debería dar crédito a este tipo de afirmaciones, pero por desgracia así es como empiezan los mitos. Yo por mi parte no le hice mucho caso, aunque salí de la tienda algo desconcertada, quizás por la pérdida de confianza que me había producido esta persona con sus palabras. Que un/a niñ@ pequeñ@ sea dependiente es lo más normal del mundo, demuestra que el vínculo con su madre es seguro. Que un adulto sea dependiente de su madre, a mí desde luego me indica algún tipo de trastorno emocional no resuelto con ésta. Pero lo que está claro es que ni uno ni otro son dependientes por haber tomado pecho. Nadie se hace dependiente porque le den lo que le corresponde y/o lo que necesita.

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