Pensar que los
niños no se enteran es tener un concepto de ellos muy bajo, además de mostrar
una total ignorancia sobre ellos.
Hace poco tuve
que oír esas palabras refiriéndose a mi hija. He de reconocer que me molestó,
porque es el planteamiento del adulto poniéndose, por supuestísimo, por encima
del niño. Y como parecía no gustar nuestra insistencia en lo contrario,
recurrieron a la escusa de “yo he criado a cuatro niños y te digo que no se
enteran”, como si nosotros, padres primerizos, no tuviésemos ni idea y como si
no conociésemos a nuestra hija. 
Hay madres y/o padres que por el sólo hecho (y
digo sólo porque ya puedes haber criado a cuarenta niños que si no te has
preocupado por conocer sus verdaderas necesidades y no lo que tu crees que
necesitan, no tendrás un conocimiento real de ellos y menos generalizable al
resto de niños) de haber criado a X hijos se creen poseedores de una sabiduría
envidiable. No son conscientes de que en cuanto empiezan a generalizar y a
comentar tópicos con respecto a los niños queda al descubierto su ignorancia.
No digo que no los hayan criado lo mejor que sabían y que no lo hayan hecho con
cariño, pero lo que dejan claro es no tienen ni idea del gran mundo interior
que rodea a un niño.
Porque a la frase
de “yo he criado cuatro niños y no se enteran” yo contestaría que quizás la/el
que no se ha enterado de que si se enteran eres tú. Pero claro, el adulto
siempre lo sabe todo con respecto al niño que no tiene ni idea de nada.
Los niños, y
hablo desde que nacen, captan todas nuestras emociones y pueden saber incluso
antes que nosotros mismo que algo nos sucede, más que nada porque muchas veces
no dejamos que lo que nos pasa aflore, pero está ahí, y ellos lo notan.
Estoy cansada de
que se les trate como a ignorantes, como a personas de segunda a los que se
puede ignorar, manipular y faltar al respeto por su bien, para que aprendan.
Cuando los que deberíamos aprender de ellos somos los adultos. Pensar que
necesitan que les enseñemos a comer, dormir, andar, dejar el pañal, estarse
quietecitos sin moverse y un largo etcétera demuestra, como digo, un absoluto
desconocimiento del desarrollo de los pequeños.
Que un adulto
sólo sepa relacionarse con un niño pequeño desde el “qué bien”, “qué bonito”,
haz esto o lo otro, sin preguntar porque su opinión no cuenta y sin ponerse
nunca a su altura, deja mucho que desear, porque eso no es saber nada acerca del
enriquecedor y maravilloso mundo infantil.
Un claro ejemplo
del que ya hablé hace poco es que los niños pequeños sean capaces, lo que no
somos los adultos en demasiadas ocasiones, de distinguir si otro niño que está
a su lado es niño o niña sin necesidad de que este último lleve o no pendientes.
Lo podéis leer aquí.
Creo que a los
niños debemos hablares, contarles las cosas (de forma que ellos lo puedan
entender según su edad), sin secretos. ¿Cuántas veces se les deja fuera de un
problema o una enfermedad de un familiar y ya no menciono si se trata de un
fallecimiento? Dejarles fuera es no tener en cuanta que son uno más, que son
personas.
Pero si a un
niño desde que nace sólo nos acercamos para hacerle monerías, tratándole sólo
como si fuese un muñeco bonito, y según va creciendo le tratamos como si fuera
tonto (total, no se entera de nada), diciéndole todo lo que tiene que hacer,
cómo jugar, lo que le tiene que gustar, ocultándole nuestra vida. Entonces no
será que no se enteran, sino que les hemos ido quitando alas a su potencial,
porque los que no nos enteramos somos los adultos.

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