En un grupo de apoyo se preguntó por qué hay tantas diferencias de diagnóstico entre unos pediatras y otros. La respuesta fue que hay pediatras que terminaron la carrera y ahí se quedaron, y otros que se han preocupado por seguir formándose. Creo que debería ser obligatorio que personas que se ocupan de la salud de otras se reciclen y se pongan al día de los nuevos estudios y nuevas evidencias. Hace unos meses una conocida tuvo un bebé prematuro. Todo fue estupendamente y antes de que nos diéramos cuenta ya la tenían en casa. Consiguió darle el pecho, además sin problemas, y me alegré mucho, porque si la leche materna es el mejor alimento para un bebé a término, para una prematura es todavía más importante. Y así estaban, engordando estupendamente. Hasta que en la última revisión al pediatra resulta que le dicen que le tiene que dar una ayuda. ¿Una ayuda por qué? ¿Para qué? Si la niña está estupenda y ha llevado un ritmo adecuado. Es que la mamá no tiene mucha leche, me decía un familiar. ¿Ah, no? ¿La niña ha ido cogiendo entonces peso por obra divina? Es que se queda con hambre, me seguía diciendo. Pues que la ponga al pecho otra vez. Bueno, es que la mamá está muy cansada… Por un lado está el pediatra que recomienda algo que no entiendo, si de verdad pensase que necesita más, pues le podía haber recomendado ponerla más al pecho, ¿no? Además hay que dejar claro que una ayuda es, primero le doy el pecho y luego le doy la ayuda de leche artificial o leche que se ha extraído previamente la madre, sin saltarse ninguna toma, porque claro, si lo que mamá quiere es que papá le dé un biberón para ella poder dormir más… así sí que se va a quedar sin leche. Así que por otro lado tenemos a una madre que quizás estaba deseando que su pediatra le recomendase el bibe, pero seguramente sin conocerse exactamente en lo que eso derivará, niña destetada antes de tiempo. ¿Es posible que algunos padres de a pié sepamos más sobre lactancia que algunos pediatras, matronas, etc? A mí personalmente me parece indignante. No entiendo como en esta era en la que estamos, en la que tenemos acceso a la información, en la que se realizan estudios completos y fiables, seguimos con mitos y leyendas que empezaron a forjarse a principios del siglo pasado. Y lo peor es, como he dicho, que las personas que supuestamente deberían saber más que nosotros, que para eso han estudiado y tienen un puesto que vela por nuestra salud y bienestar, no tienen ni idea (algunos, no me gusta generalizar). ¿No interesa que estos profesionales, que se ocupan de la salud de nuestr@s hij@s desde su nacimiento, estén totalmente informados y formados, para que a su vez nos puedan informar y tratar a sus pacientes de forma adecuada y veraz, y no mediante creencias, opiniones o estudios obsoletos? ¿De quién depende esto? Porque me estoy acordando de las geniales declaraciones que nuestro ministro de trabajo e inmigración, Valeriano Gómez, hizo hace unos días: “Si tuviera que elegir una sola medida por encima de todas las demás para estimular la igualdad y, al mismo tiempo, la eficiencia de una economía, la capacidad, la producción y la riqueza a medio y largo plazo, esa sería que todos los chicos pudieran estar escolarizados inmediatamente después de su nacimiento”. No quisiera pensar que nuestros políticos no quieren lo mejor para nuestr@s hij@s: A sus padres, especialmente a su madre durante los primeros meses de vida; la mejor alimentación posible, es decir, lactancia materna exclusiva (hasta los seis meses); los mejores cuidados, volvemos entonces a que necesitan a sus padres; unos profesionales que se ocupen de velar por su salud (que además de medicina sepan sobre lactancia y todo lo que pueda ayudar a resolver algunos problemas relacionados como frenillos, intolerancias o alergias…); y una educación adecuada, donde los padres son los principales responsables, y llegado el momento, complementada con unos profesionales libres de conductismo y autoritarismo (me refiero, por ejemplo, a no obligar a comer a los niños). Si nos ocupamos de tener niñ@s san@s tanto física como psicológicamente, tendremos igualmente adultos sanos. ¿No interesa esto? No voy a debatir la declaración de nuestro queridísimo ministro, porque ya lo dice todo por sí sola. Queda claro que lo que a él le preocupa es la economía, cueste lo que cueste.

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