Con motivo del cumpleaños de Minerva, que por cierto lo pasamos en grande y terminamos todos agotados, tengo que confesar que me desperté temprano por la mañana, no porque tuviésemos que preparar mucho, que lo dejamos todo más o menos organizado el día anterior para disfrutar totalmente con la pitufa, sino porque estaba nerviosita perdida con el primer año de vida de mi niña. Como decía, con motivo del cumpleaños de la nena, tuvo un montón de regalos, algún juguetillo, mucha ropita (que nos viene genial, pues poco vamos a necesitar ya) y algo que me encantó por su originalidad, dedicación y lo que representa, una foto revista, con comentarios entrañables y fotos desde el momento en que le dije a mi familia que estaba embarazada, del embarazado, la ecografía donde se ve perfectamente la carita de Minerva, el primer día de vida de la nena y todo lo que ha ido cambiando en estos doce meses. Ya les hemos dicho que el año que viene queremos otra.

Entre los juguetes que la regalaron está “mi primer nenuco”, una muñeca con cuerpo blandito y con extremidades y cabecita igual a los nenucos de toda la vida. Es la primera muñeca, como tal, que tiene Minerva.
No escribo estas líneas porque el regalo en sí me desagrade, para nada, de hecho a la nena parece gustarle. Pero si hubiese sido por nosotros, hubiésemos esperado a que ella nos pidiese una muñeca o que hubiese dado signos de querer una, como nos pasó cuando le compramos su coche de carreras, que por cierto acertamos de pleno. Cada vez que íbamos a la asociación de crianza, como allí tienen un montón de juguetes, Minerva siempre se decantaba por un pequeño cochecillo.
Tengo que decir que este regalo proviene de una grandísima y estupenda amiga, que además suele leer este espacio, por lo que no quisiera que se llevase la impresión de que no nos haya gustado o nos haya molestado. Nos conocemos desde hace unos cuantos años, así que seguro que no le sorprende esta entrada, y cuando trabajábamos juntas (luego no hemos tenido tantas oportunidades) nos encantaba debatir sobre cualquier cosa, y es que somos muy diferentes en cuanto a gustos y opiniones, pero eso no quita que nuestras conversaciones no estuviesen siempre llenas de respeto.

No fue hasta el día siguiente, cuando observando a Minerva y la muñeca, dándole vueltas al tema de los estereotipos en los juguetes, ya hablé de este tema hace un tiempo, podéis leerlo aquí, me pregunté si le habría hecho este regalo si hubiese sido niño, y al mismo tiempo me hago yo esa pregunta.

Mientras l@s niñ@s no hablan y no pueden decirnos lo que les gustaría que les regalásemos, nosotros solemos comprarles algún juguete didáctico, un cuento, o ropita, esto último especialmente cuando son muy pequeños, porque aunque les venga muy bien a los papás, el que te regalen ropa siendo niñ@ no creo que haga mucha ilusión. Cuando ell@s ya nos dicen lo que quieren, entonces lógicamente procuramos (mientras no sea algo que atente contra su integridad o la de otros) darles lo que desean.
A mí personalmente no se me ocurriría regalar una muñeca a un niño (a no ser que sea lo que quiere). Primero, porque tampoco lo haría si fuese una niña, es decir, o les compro a tod@s muñecas y coches, o no se lo compro a ningun@. Para mí sería incurrir en estereotipos y prejuicios. Comprar una muñeca a una niña por ser niña (repito, a no ser que sepamos que es lo que quiere) me parece sexista. Y segundo, porque si le compro una muñeca a un niño, puede que los padres se molesten, que haberlos “haylos”, por regalarle a su hijo cosas de niñas.
Creo que a l@s niñ@s hay que dejarles que jueguen libremente, que exploren, que estimulen su imaginación, dándoles herramientas para ello, con las que por ejemplo puedan imitar a los adultos (que es uno de sus juegos favoritos) de la forma más segura posible.
Siendo niña, me encantaba jugar al scalextric de mi tío cuando íbamos a casa de mis abuelos o al parking de coches, del hermano de una amiguita, cuando íbamos a su casa. Pero a pesar de que quería uno para mí, jamás me lo compraron. Sin embargo recuerdo recibir muñecas y una máquina de coser, que no recuerdo haber pedido. Mi hermana, sin embargo, tuvo más suerte, y si tuvo muñecos de “niños”, con su avión, o su tren eléctrico, de los que yo también pude disfrutar.

Así que termino como he empezado, con el título del post. Sinceramente, sin que él expresamente lo haya pedido, ¿regalarías una muñeca a un niño?

P.D. Aroa, la próxima vez que nos veamos tenemos un debate pendiente

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