Acabo de terminar la tarta de cumpleaños para mañana. Ya hice otra la semana pasada, y es que el papá cumplió años el domingo y celebramos tres cumpleaños, el de la tía paterna (los hizo también la semana pasada), el del papá y el de la nena. Mañana lo celebramos de nuevo, con la familia materna, y esta vez si que es su cumpleaños de verdad. Quise hacerle una tarta, además de porque me gusta y me hace ilusión, porque quería que también ella comiera de su tarta, faltaría más. Y gracias a @Mousikh de Una mirada al otro lado, que me dio la idea y me prestó la receta, he hecho estas tartas riquísimas (la semana pasada Minerva se la comió encantadísima), esta última vez con alguna que otra variante. ¡Mañana es el gran día!
No quiero ponerme pesada con lo que hace o deja de hacer mi niña, porque para una madre su hij@ es lo mejor del mundo. Pero hoy, quiero y necesito contárselo al mundo entero, pues me siento muy orgullosa de mi pitufa, qué madre o padre no lo está. Aunque hace un mes que dio su primer pasito sola, no ha sido hasta hace unos diez días cuando se soltó a andar, es un terremotillo. Que conste que aunque no andase estaría igual de orgullosa y de contenta, pues es igual de normal que anden a los diez meses como a los dieciocho. Pero cuando lo hacen, antes o después, como cada vez que logran hacer algo, es muy emocionante ver cómo han llegado hasta ahí y cómo se buscan sus mañas. Sólo dice papá y mamá, alguna vez pareciera que ha dicho agua o tetita, eso sí, balbucea todo lo que quiere y más. Hoy en la revisión me decían que no paraba de hablar. Me encanta cuando después de contarle uno de los cuentos blanditos que tiene para el agua, le digo que me lo cuente ella y se pone a parlotear sin parar mientras pasa las páginas. Le encanta meterse debajo de la mesa, las sillas, la trona, por todos los huecos (a veces luego no puede salir y se enfada), y subirse donde pueda, sobre todo al puf, donde se sienta, se pone encima de pie, se tumba para tirarse por el otro lado… Y algo que nos dejó perplejos la primera vez que lo hizo fue decirnos que se había hecho caca. Como utilizamos mucho los gestos con ella, cada vez que hace caca le decimos que la vamos a cambiar el pañal porque ha hecho caca y nos damos un el puño suavemente en la cadera, a lo que ella suele imitarnos. El fin de semana pasado, en casa de unos amigos, estaba en la otra punta del salón jugando, cuando me mira y se da con la manita en la parte de fuera de la pierna, así que la miramos el pañal y efectivamente se había hecho caca. No es que lo haga siempre, a veces lo hace cuando se tira unos pedillos, pero con eso ya nos ha avisado más de una vez.
Esta mañana hemos tenido la revisión del año. Nos han dicho que está estupenda, guapísima y enorme (11 kilazos, ya me lo andaba avisando mi espalda, ja, ja), que por cierto todo eso ya lo sabíamos pero nos encanta que nos lo digan. Sólo mencionar, que la vacuna que antes era a los quince meses ahora se pone al año, la triple vírica (sarampión, rubéola y parotiditis); y que a mi pregunta sobre si debía seguir tomando el suplemento de yodo para la lactancia, la pediatra me ha dicho que si, que lo ideal sería todo lo que dure la lactancia o como mínimo los dos primeros años.
Dentro de unas horas Minerva cumple su primer añito con nosotros, aunque conmigo ya llevaba unos meses más. No he dejado estos días de recordar y recordar momentos maravillosos, llenos de magia e ilusión, y también algún que otro momento duro, pero que ahora en la distancia lo recuerdo con la misma nostalgia. El embarazo, en el que a pesar de algunas molestias (normales) disfruté de mi tripa muchísimo hasta el último momento, me parecía increíble tener a mi hija gestándose en mi interior, el milagro de la vida. El parto, tan largo, tan distinto a lo que había imaginado, aunque todo salió bien me hubiese gustado que algunas cosas hubiesen sido de otra manera. A estas horas acabábamos de subir a la sala de dilatación. El hospital, los primeros días con nuestra bebita, los meses que han ido pasando sin tregua, esos días de ensimismamiento, en los que la casa parecía ser diferente, y así era, con otra personita dándole la bienvenida. Y a día de hoy, habiendo atravesado momentos duros que siempre se superan, habiendo disfrutado al máximo de mi hija, siendo testigo de todos sus pequeños grandes avances (últimamente no tan pequeños), de todo su mundo, a día de hoy, me siento feliz de ver a mi niña crecer, de todos los cambios que hemos ido atravesando, tanto físicos como psicológicos. Es lo mejor que me ha pasado nunca. Es una personita maravillosa, que llegó a nuestras vidas como el mejor de los regalos, y a la que debo tanto, porque me ha mostrado tanto… de ella, del mundo, de mí misma, y todavía nos queda mucho por seguir aprendiendo.
Además, una cosa que a veces se nos olvida, es que también dentro de muy poquito es nuestro primer año como mamá y papá. Soy madre, y no puedo concebir mi vida sin esa condición. Hace un año renací como persona, como mujer, gracias a mi hija he conectado con partes de mí que creía olvidadas y he descubierto facetas mías que desconocía por completo, gracias a mi hija me esfuerzo cada día por ser mejor persona.

Felicidades mi amor

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error: Contenido Protegido

Comparte en tu redes sociales

0

Tu carrito