Hace unos días que estamos de vuelta y parece como si
nunca nos hubiésemos ido, como si todo hubiese sido un buen sueño. Qué rápido ha
pasado, tanto que siento como si no me hubiese dado tiempo a disfrutarlo del
todo.
No se si será esa sensación de volatilidad, el calor,
o simplemente que estoy agotada, pero no he vuelto con las pilas recargadas,
todo lo contrario. Me siento desganada y cansada todo el día. Tengo ganas de
organizarme de nuevo y que volvamos a fluir con naturalidad, y se que sin
forzarme la energía volverá a mi ser.
Hemos estado en el norte, donde el azul y el verde se
juntan en espectáculos increíbles, mar junto a la montaña, creo que no hay nada
más bonito. Sin calores excesivos, de hecho algún día llovió, cosa que no evitó
que saliésemos a caminar con nuestros chubasqueros y nuestras botas, Minerva
iba la mar de contenta con sus botas de agua (un préstamo al que hemos sacado
buen partido estos días). Sin marabunta de gente y sin precios desorbitados.
Echo la vista atrás y veo la diferencia de un año a
otro, habiendo coincidido en las mismas fechas y en el mismo mar, el Cantábrico.
Y es que este año nuestra pequeña terremoto ha disfrutado de lo lindo, nada que
ver cuando el año pasado, nada más llegar a la playa se llevo la mano a la boca
llena de arena y decidió que eso no le gustaba nada de nada. Este año nada más
llegar se iba sola corriendo hacia el mar, teníamos que andar con cien ojos, ya
que en un visto y no visto echaba a correr hacia las olas. Los últimos días
decidió que más que el agua lo que le gustaba era cavar hoyos y que la
enterrásemos en la arena.
Y con lo que le gusta a mi buhíta los animales he
disfrutado especialmente viéndola a ella disfrutar también de la naturaleza. Cangrejos,
ermitaños y caracoles en la playa, libélulas junto a un bosque de eucaliptos,
babosas gigantescas, un potrillo casi recién nacido mamando, como no podía ser
de otra manera gaviotas, vacas, y sus queridos gatos (día si día no tenemos que
bajar en busca de gatos por el barrio, menos mal que ya nos sabemos sus lugares
favoritos) y burros, le gustan tanto estos animales que cuando le preguntan
cómo se llama dice “Asno”, y nosotros rompiéndonos la cabeza para ponerle un
nombre bonito y significativo.
Minerva ha disfrutado mucho, pero también se que el
viaje la ha estresado en cierto modo, el cambio de casa, de gente, de ambiente.
Eso me hace darme todavía más cuenta de lo sensible que es mi hija. Su tetita
siempre ha sido su remanso de paz, pero lo de estas vacaciones ha sido en
ocasiones agotador, todo el día con la teta en la boca (en el doble sentido).
Aunque por otro lado, se que es el remedio más sencillo para casi todas sus
necesidades.

Han sido unas vacaciones relajadas. Nosotros siempre
íbamos de un lado para otro cada vez que nos íbamos de escapada, volvíamos
reventados. Ahora las vacaciones se adecuan a la más pequeña de la casa, y eso
además nos viene bien a nosotros, porque podemos relajarnos (en la medida de lo
posible) y conectar de verdad con el entorno y con nosotros mismos. Aunque me
hubiese gustado estar un poquito más desconectada de la pantalla, pero tenía
que estar pendiente de mi tiendita,
y además no pude resistirme a participar en #desmontandoaEstivill
(yo que también quería descansar un poco del blog, quizás por eso ahora me
sienta con esa necesidad de alejarme un poco de la red), a pesar de eso, he
podido aprovechar a leer, y es algo que he agradecido mucho, tanto que lo voy a
poner entre mis prioridades cuando tenga ratos libres.
¿Lo peor de las vacaciones? El desplazamiento de ida y
de vuelta (este con creces, por supuesto). Demasiadas horas. La verdad es que
entreteniendo a la pitufa y parando las veces que fueron necesarias lo llevó
mejor de lo que pensaba. Pero es que hasta a mi me da una pereza tanto viaje…
Deciros que a la ida nos levantamos a las cuatro de la mañana para que Minerva
fuese durmiendo gran parte del viaje, pues la tía debió de notar mi entusiasmo,
porque se despejó como si nada, lista para ir a la playa. Lógicamente se echó
un par de siestas de camino.
Se que la próxima escapada la disfrutará todavía más
si cabe, pero no tengo ninguna prisa porque eso llegue, quiero que el tiempo
pase despacio y aprovechar cada momento junto a ella, sin tener esa sensación
de que el tiempo se me escapa de entre las manos.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
error: Contenido Protegido

Comparte en tu redes sociales

0

Tu carrito