Yolanda González es psicóloga clínica, psicoterapeuta y experta en trabajo grupal. Está formada en la teoría del apego y en terapia psico-corporal. Está especializada en prevención infantil, realiza numerosas actividades formativas dirigidas tanto a padres (embarazo, preparación al parto natural, grupos de lactancia, y grupos de madres y padres) como a profesionales de la salud y profesionales de la educación, destacando su papel en la formación de personal sanitario en relación al parto natural y el fomento del vínculo temprano de la madre y su bebé. Es también autora del libro “Amar sin miedo a malcriar”. Llevo tiempo queriendo escribir sobre la crianza con apego, lo que defiende esta teoría y lo que significa para mí este tipo de crianza. Mira por donde tuve la oportunidad de escuchar a una profesional hablar sobre el tema. Así que en cuanto pueda tengo pendiente escribir cómo la vivimos nosotros. Hoy os voy a hablar de la última conferencia del I Ciclo de Conferencias “Conociendo a nuestros hijos”, organizado por la asociación Besos y Brazos. Y os tengo que decir que ha sido la que más me ha gustado. Quizás porque no conocía a Yolanda González, no tenía ni idea de quién era y me sorprendió gratamente encontrarla y escucharla. Me hizo estremecer y consiguió emocionarme. Con Carlos González y Rosa Jové ya sabía más o menos lo que me iba a encontrar, por cierto que no me los hubiera perdido por nada del mundo. Pero Yolanda la verdad es que me llegó al alma, no sólo por lo que nos contó sino también por cómo nos lo contó. Cuando ya llevaba un ratito de conferencia nos invitó a realizar una experiencia vivencial. Un viaje a la infancia. No quiero contaros mucho porque si tenéis la oportunidad de verlo, la asociación “Besos y Brazos” colgará todo el ciclo de conferencia en su blog, podréis vivirla vosotr@s mism@s. No pude evitar las lágrimas (y no fue el único momento). Quizás sea así de sensiblera, pero me ocurre siempre que conecto con mi niña interior, con mi infancia, siempre me conmueve. Me doy cuenta de lo expuestos que estamos cuando somos niñ@s, de la necesidad imperiosa que tenemos de afecto y atención. Intentaré resumir, pues ya tendréis tiempo de ver el vídeo, aunque con los apuntes en la mano ya os digo que me va a costar un poco, pues todo me resultó muy interesante. Comenzó recalcando lo necesario de estos encuentros para poder reflexionar (en la sociedad actual estamos muy aislados, sin apoyos y con muchas responsabilidades), para no repetir los modelos educativos intergeneracionales, tópicos tradicionales que como bien dijo no han hecho a esta sociedad mejor. Todos sabemos lo que es la empatía, pero lo difícil es sentirla. Muchos tenemos claro que jamás haríamos ciertas cosas a nuestros hijos (gritarles, pegarles…), pero en momentos de estrés se activan los modelos asimilados en nuestra infancia, porque aunque ésta había quedado relegada y a veces ni la recordamos, permanece intacta en nuestras células. Esto me recordó a “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” de Laura Gutman, que me estoy leyendo, cuando encuentro un hueco. Por eso es necesario detenernos y realizar un trabajo personal, para realmente comprender con el corazón. Ser padres con consciencia, amorosos. L@s niñ@s dependen absolutamente de nosotros para desarrollarse en todos los aspectos. A veces me siento culpable por perder la paciencia con la nena. Se que a muchos papás que se preocupan por respetar y tratar con cariño a sus hij@s también les pasa, pero me gustaría poder canalizar mis sentimientos de la manera menos dañina. También se que el hecho de darme cuenta de que es algo que tengo que cambiar me ayuda, y por otro lado la forma en que fuimos criados está claro que nos influye mucho. A ver, no somos perfectos, somos humanos, y todo el mundo puede tener un mal día, pero es algo que detesto que me pase con mi pitufa. Es un mito el que la infancia sea siempre una época feliz. Recordar nuestra infancia (no siempre es posible, a veces es mejor no recordar), nos puede ayudar a no repetir los mismos patrones que nuestros padres (y a su vez los suyos), utilizaron con nosotros, aunque es algo muy difícil, ya que lo tenemos interiorizado. A parte de los miedos y las dudas que tenemos todos los padres, tenemos emociones, por eso cuando nuestr@ hij@ tiene una rabieta no somos imparciales, se despiertan muchos sentimientos y muchas veces nuestra reacción termina siendo otra rabieta. Pero hay que tener en cuenta que los conflictos son inherentes a la vida, porque somos diferentes unos de otros. Por eso es fundamental aprender a resolver esos conflictos que van a surgir siempre, y no evitarlos como pretendemos normalmente. Mismamente, cuando quienes tienen como modelo la crianza tradicional se sienten con el poder de opinar, ya estamos en conflicto. ¿Por qué no vamos a poder entonces también nosotros meternos en su crianza? Al fin y al cabo quines salen perdiendo son l@s más pequeñ@s, y debemos velar por ell@s. Yolanda dejó claro que ella es partidaria de intervenir siempre que veamos que se está cometiendo una injusticia con un/a niñ@, y más aún si es nuestr@ hij@ («pero con lo mayor que eres… y todavía sigues con la teta…»). Tenemos que ser conscientes de que nos necesitan. L@s niñ@s, de 0 hasta los 6 años, viven en el presente (no entienden de “luegos”); y se rigen por el principio del placer, necesitan explorar y jugar, porque es como aprenden. Por otro lado, los adultos nos regimos por el principio del deber. En el lugar intermedio estaría el principio de realidad, no renuncio al placer pero tengo en cuenta el deber. Niñ@s y adultos somos mundos diferentes. Somos los adultos los que tenemos que confiar más en ellos y los que tenemos que ponernos en su lugar. Y esto lo vamos a conseguir mediante el juego. Yolanda hizo incapié en esto. El juego es esencial, creatividad, magia, teatro… Dentro de esta franja de edad hizo una distinción: de 0 a 3 años l@s niñ@s son todo emoción y nos necesitan constantemente; y de 3 a 6 años ya empiezan a tener defensas psíquicas. La sociedad pretende educar (conducir desde fuera) a l@s niñ@s porque supone que no saben. No confía en ell@s, como si no supiesen dormir, lo que tienen que comer, cuando están preparad@s para el control de esfínteres, para compartir o para ir al colegio. Quiere niñ@s buen@s, adaptad@s y que obedezcan. Todo esto viene de la teoría de la frustración de Freud, en la que para que crezcan hay que frustrarles, de lo contrario se malcriarán. Pretende que hay que hacerles dur@s porque la vida es dura. Pero las personas duras no conectan ni consigo mismas ni con los demás. Para crear un vínculo seguro hay que dejar de lado el estilo autoritario y el de dejar hacer (el padre colega), y conseguir que nuestr@ hij@ confíe en nosotros, al igual que nosotros confiamos en él/ella, mediante el estilo democrático. Conseguiremos así niñ@s y adultos fuertes. Remarcó que para la teoría del apego es muy importante no poner nunca límites en lo emocional (hay que atender siempre sus necesidades afectivas) y no interferir en su proceso madurativo (sus ritmos, su proceso de autorregulación), que no tiene que ver con poner límites en lo cultural (donde no se crearán traumas). Estos límites se pondrán a partir de los 4 años, siempre negociando y siempre sin olvidarnos del juego. Además, hay también emociones que están mal vistas, como el miedo o la rabia. Pero hay que tener muy en cuenta que todas las emociones son necesarias porque así es cómo sabemos qué nos sucede. Castigar la rabia en un/@ niñ@ es muy peligroso, porque una emoción que se castiga es una emoción que se reprime, y que puede explotar en el momento más inoportuno de la manera más inadecuada. Nuestro cometido es ayudarles a gestionar esas emociones, no censurarlas. Me gustó su opinión clara hacia los libros de Estivill, respecto a los que dijo que habría que dejarlos para reciclaje y posterior creación de libros que sean más respetuosos con nuestr@s hij@s. Remarcó que la lactancia natural es un derecho de los niños y de las madres. Hasta los tres años la oralidad es muy importante. L@s niñ@ se amamantan. Nutriéndose, sintiéndose seguros y sintiendo placer. Y la madre también sentirá placer, por supuesto, no es ningún pecado. El amor jamás malcría. La crianza es creatividad, oportunidad, crecimiento, porque ell@s son nuestro mejor regalo, son el futuro. Por último nos dedicó una poesía preciosa. De verdad, que si podéis ver el vídeo, os lo recomiendo. Espero de corazón que, como a mí, os llegue dentro y sintáis ese “toque”.

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